A mis buenos 35 años, he tomado una decisión: no quiero ser madre. Ya está, ya lo he dicho. Maternar no es lo mío. Y sobre todo, no es lo mío frente a personas hechas, derechas, adultas y supuestamente maduras que se esperan a que les digas que respiren para no ahogarse.
Porque mira que abundan, hija de mi vida… Para empezar, ¿por qué hay gente a la que le cuesta tanto tener una actitud proactiva? Pongamos por caso, cualquier proyecto en el que se persiga un objetivo (igual me da que sea laboral, voluntariado…) Pase que no sepan exactamente qué hacer, pero que hay cosas por hacer, lo saben, ¿no? ¿Por qué esperan que seas tú quien les recuerde que hay trabajo por hacer? ¿Creen que cae hecho del cielo? ¿Que se hace por arte de magia? ¿Hay algún duendecillo que lo hace y no tengo el placer de conocerlo? Desearía ver a esas personas preguntarme por dónde empezar, sin tener que perseguirlas. No pido tanto.
Me da especial rabia cuando nos metemos en situaciones que no son su primera vez. Es más, ¿os habéis dado cuenta de que, en alguna ocasión, tenemos incluso menos experiencia y aun así esperan que asumamos más carga y mando que nadie? Puedes tropezar con Fulanito de Tal que, cada año, hace el recorrido del punto A al punto B. Pero no sabe hacerlo solito porque claro, no lo estás cogiendo de la mano para que no se pierda… Que es la primera vez que tú haces esa ruta, ¿eh? Pero oye, acompáñale paso a paso o se hace un lío.
Más aparte, la carga mental. Porque no solamente es hacer, no solamente es decirles que, por favor, hagan. Es acordarte de todas y cada una de las tareas por hacer. A esta gente le viene tan cuesta arriba la vida adulta que se les atraganta incluso aplicar ese refrán de “mejor lápiz corto que memoria larga”. Igual hay alguna prohibición que desconozco que les impide comprarse calendarios, agendas o notitas adhesivas. Es que, de otra manera, juro que no lo entiendo. Más, aparte, tener que aprender más y más rápido para poder indicarles como proceder. Más carga mental, más responsabilidad para ti, más agotamiento.
Y ya, cuando hablamos de quienes están criando con nosotras a nuestros hijos, apaga y vámonos… La crianza es corresponsabilidad. Y corresponsabilidad implica que cada progenitor sabe actuar de forma independiente. ¿Qué corresponsabilidad puede existir si tú le dices al otro progenitor qué chaqueta ponerle, cómo cortarle la manzana, qué día tiene médico o a qué hora empiezan sus clases de taekwondo? ¿Por qué te tienes que ver a ti misma haciendo nada de eso si tiene la misma capacidad que tú de resolver el día a día?
En mi caso, no estoy criando a ningún hijo o hija. Pero en otros ámbitos de la vida he coincidido con gente que me ha pedido que le maternase. Obviamente, no con palabras. Pero si con sus acciones. Con su dejadez, con su desidia, con su falta de voluntad… Y es muy triste que esa gente sea tan poco consciente de lo que quema y desgasta esa actitud.
Aunque va a resultar que mi señora madre tiene razón. La última vez que me pasó algo así, me dijo: “Es que tú, ¿para qué sostienes? ¿Por qué? Si el resto no está haciendo su parte, ¿por qué haces tú lo de todo el mundo? Con diplomacia, con asertividad, déjalo claro: tú no lo vas a asumir sola”.
No quiero maternar pero sé que es responsabilidad mía no hacerlo. Es mi responsabilidad aprender a decir “no”. Que si necesitas que te explique cómo hacerlo, te lo explico de mil amores. Pero ven tú a pedirme que te enseñe. Pon de tu parte para aprender a hacerlo. No esperes que lo haga por ti.
Marta Ramón Galindo