Tengo treinta y cinco años y no tengo pareja desde hace mucho tiempo. A pesar de que no todas mis relaciones fueron tóxicas, ya que la última simplemente se terminó porque se acabó el amor, soy una persona libre que vive su soltería con felicidad y alegría.

No me siento sola, tengo mucha vida social, tengo amigas para hacer diferentes tipos de planes y tampoco quiero hijos, aunque si los quisiera, seguro que sería madre soltera. Tener una pareja es hacer sacrificios de diferentes tipos y aunque la gente pueda tacharme de egoísta no me apetece hacerlos.

Me he mudado en diferentes ocasiones por temas laborales o por el precio de la vivienda en la gran ciudad: unas veces lo hice por trabajo y otra porque se me antojó irme a vivir a la montaña. Ahora tengo una vivienda de alquiler en la ciudad y un pequeño apartamento cerca de la montaña y al poder teletrabajar combino mi vida en la ciudad con mi vida en un entorno más rural.

No he tenido nunca problemas para relacionarme y conocer gente nueva en cualquier sitio en el que haya estado y a pesar de que tengo relaciones sexuales esporádicas nunca he sentido la necesidad, desde hace muchos años, de atarme a ninguna persona ni he sentido por nadie más que una simple atracción sexual o alguien con quien compartir momentos como si fuera un amigo más.

Me encanta mi independencia, la cual nunca sería la misma en pareja que estando soltera. No me gustan los compromisos familiares, ni tener que quedar bien con familias políticas, tampoco necesito pasar tiempo con los amigos de los demás.

Soy feliz despertando un sábado por la mañana decidiendo por mí misma qué plan haré ese fin de semana, si me quedaré en casa leyendo, si saldré de fiesta hasta que el cuerpo aguante, si me escaparé a la montaña o si quedaré con mis amigos para comer.

No tengo ganas de dar explicaciones a nadie de lo que hago o lo que dejo de hacer y tampoco añoro la compañía de una pareja, duermo mucho mejor sola que compartiendo espacio con cualquiera, y no tengo ganas de tener la obligación de estar pendiente del móvil aunque sea una vez al día para hablar con la persona que estoy conociendo.

Entiendo perfectamente que mucha gente quiera tener pareja e hijos, que su vida tenga menos sentido si no tiene a alguien que la quiera incondicionalmente, pero yo ya quiero así a mis amistades y a mi mascota.

Tengo un gato que es mi compañero ideal, cariñoso pero independiente a la vez, que puedo dejar solo sin que me pida explicaciones o al que me puedo llevar a donde vaya sin cuestionarme si estamos en casa o estamos en el apartamento de montaña.

Soy tremendamente feliz con mi independencia y nunca he llegado al súmmum de la felicidad estando en pareja. Algunos dirán que será porque no he encontrado a la persona adecuada, pero sí me he enamorado y sí sé lo que es tener una relación sana y aun así, nada me hace tan feliz como estar conmigo misma.

Siempre he pensado que Samantha de Sexo en Nueva York es mi ídolo, y no porque se acueste con muchísimos hombres, eso a mí no me interesa, sino porque acaba su única relación larga porque siempre ha sido más feliz cuidando de sí misma y de su independencia que con ninguna otra persona.

Cuando me dicen que acabaré sola con un montón de gatos, me hacen la mujer más feliz del mundo, porque así es como quiero acabar, sola con mi animal preferido.

Y aunque es cierto que cuando no pueda valerme por mí misma no tendré hijos que puedan cuidarme o hacerme compañía, tampoco creo que tuviera hijos para depender de ellos, ya que desearía que hicieran su vida tal como yo hago la mía. Siempre puedo hacer una hipoteca inversa y gastarme mis ahorros con alguna cuidadora o acabar en una residencia cuando ya no pueda hacer otra cosa.