No sé si alguno de los culpables de esta historia llegará a leer esto, pero por si acaso: ya hay que ser marrano y mala persona para hacer algo así y encima dejar que carguen otros con la culpa. Porque sí, de esto que voy a contaros nos llevamos la culpa mi ex y yo sin ser nosotros nada de eso ni haber hecho absolutamente nada, por el simple hecho de ser la única ‘’pareja’’ reconocida que había en mi grupo de amigos en aquella época.
Pero, ¿qué es lo que pasó?
Pues pasó que los tíos de mi amiga Alba se fueron de vacaciones y la dieron permiso para que hiciera una fiestecilla, invitase a sus amigos a ver una peli o a quedarse a dormir si quería a cambio de que regase las plantas y cuidase a su pareja de periquitos, todo esto por supuesto bajo la supervisión de su madre, pues tanto ella como algunos integrantes del grupo eran aún menores de edad mientras que otros alcanzábamos la mayoría de edad por los pelos. Total, que lo de quedarnos a dormir lo descartamos porque a unos les venía mal, otros vivían fuera de la ciudad y a otros simplemente no les dejaban sus padres, así que organizamos una merienda-cena, elegimos una peli y nos juntamos allí unas siete personas, de las cuales una de ellas era una chica a la que llamaremos Amanda y que había empezado a juntarse con nosotros desde hacía poquito tiempo. Amanda era una chica que parecía bastante tímida y recatada, por eso, cuando al poco de poner la peli vimos que se estaba comiendo la boca con uno de los chicos del grupo al que vamos a llamar Fer, todos nos quedamos bastante a cuadros pero en fin, seguimos a lo nuestro.

En un momento dado de la noche mi ‘’novio’’ y yo nos fuimos a una habitación apartada porque teníamos que hablar; estábamos en este punto de la relación en el que era evidente que había entre nosotros algo más que una amistad con derecho a roce y aprovechamos la intimidad que nos brindaba el disponer de una habitación y tiempo a solas para tratar de determinar qué éramos a esas alturas. Y en eso estábamos, en un momento de lo más tierno y emotivo, cuando alguien se puso a aporrear la puerta.
Al principio dimos por hecho que serían nuestros amigos tratando de darnos la lata; sin embargo, cuando abrimos la puerta nos encontramos a la madre de Alba hecha una furia, con el rostro congestionado mientras nos ponía de cerdos para arriba y nos preguntaba que cómo se nos ocurría meternos a hacer ‘’eso’’ en una casa que no era nuestra.
Mucho rato después conseguimos que se calmara y medio convencerla de que para nada estábamos follando en la habitación, sino hablando, y de que de no ser así ni de coña habríamos tardado tan poco en abrir la puerta, y aunque pareció creérselo es cierto que a partir de entonces intensificó la frecuencia de las visitas que nos hacía con la excusa de traernos bebidas, hielo o lo que fuera.

Pues bien, a pesar de que la madre de Alba se pasaba cada media hora aproximadamente (vivía en el portal de al lado), a Amanda y a Fer no se les ocurrió nada mejor que meterse en otra de las habitaciones. Sí, a follar, nada más y nada menos, o al menos a intentarlo. Lo mejor es que ninguno de los presentes les habíamos echado en falta hasta que llegó de nuevo la madre de Alba y nos preguntó por ellos, pero hay que reconocer que estuvieron rápidos, pues cuando la madre de Alba irrumpió en la habitación en la que estaban se encontró a Amanda tumbada en la cama con una almohada bajo los pies y a un compungido Fer que explicó que la pobre se había mareado y que la había llevado allí a ver si se la pasaba.
Y oye, coló, pero que coló hasta el punto de que hasta nosotros nos lo creímos.
La sorpresa vino cuando al día siguiente me escribió mi amiga Alba y me dijo que ya me valía, que no le importaba que mi chico y yo hubiéramos aprovechado para echar un polvo o dos pero que joder, que podríamos haber recogido el envoltorio del condón y haber limpiado lo del cabecero de la cama.
Al principio creí que me estaba vacilando: ¿qué envoltorio de un condón? ¿Qué polvo ni qué polvo? Y sobretodo, ¿qué narices me estaba contando del cabecero de la cama? Seguimos un buen rato manteniendo un verdadero diálogo de besugos, yo creyendo que estaba tratando de tomarme el pelo y ella convencida de que yo intentaba escurrir el bulto, cuando prácticamente a las dos a la vez se nos encendió la bombillita: hostias tú, que Amanda y Fer se han pasado la tarde liándose y estuvieron en la habitación en la que aparecieron las pruebas del delito.
Así que agarré y escribí a Amanda para quedar con ella con la cosa de que me contase qué tal le había ido con Fer, si habían hablado de volver a verse o algo y ya de paso a ver si se le escapaba algo de lo ocurrido en el piso de los tíos de Alba la tarde anterior.
Y vaya si me contó.

Me contó que se habían ido a la habitación en medio del tremendo calentón, se habían seguido liando en la cama y bueno…las cosas habían ido demasiado rápido, pues ninguno de los dos había tenido relaciones sexuales anteriormente. Él sacó un preservativo mientras ella se levantaba la falda, se sacó la polla para ponerse el preservativo y bueno…estaba tan emocionado que eyaculó, haciendo diana justo en el cabecero de la cama. En ese momento oyeron la puerta de la calle y supieron que debían actuar rápido, pero como no podían salir de la habitación sin ser vistos por la madre de Alba pusieron una lámpara sobre el envoltorio del condón, se colocaron la ropa, él se guardó el condón sin usar en un bolsillo y prepararon la escena del mareo. Con los nervios y las prisas salieron de la habitación en cuanto la madre de Alba se marchó, sin darse cuenta de que habían dejado un regalito de lo más original que mi amiga y su madre se encontrarían cuando fueran a limpiar al día siguiente.
Cuando terminó de contarme todo no sabía si reírme, llorar o estrangularlos a los dos. Le dije que la madre de Alba nos había culpado a mi novio y a mí porque sabía que estábamos juntos y que ya le valía, que ya que no habían recogido lo suyo sería que al menos le dijese a Alba que habían sido ellos y se disculpase. ¿Su respuesta? Poner cara de cachorro abandonado y decirme que no, que le daba mucho corte y que por favor no se lo dijese a nadie. Y mira, yo lo siento en el alma pero ahí ya me enfadé, ¿iba a tener que seguir cargando yo con la etiqueta de marrana y de maleducada porque ella quisiera conservar su imagen de chica tímida y recatada? ¡Eso sí que no, mi ciela! Se lo conté a Alba, Alba se lo contó a su madre y la siguiente vez que nos vimos las tres nos despachamos a gusto sobre la falta de educación y respeto de la gente, la importancia de asumir las consecuencias de nuestros actos y la responsabilidad que tenemos con la gente de nuestro entorno.
A Amanda y a Fer no volvimos a verles el pelo salvo en contadas ocasiones y de casualidad, aunque creo que siguen juntos y que llegaron a casarse, porque ya sabéis lo que dicen: lo que una un lefazo accidental, que no lo separe el ser humano.