¿Cuántas veces habéis oído la frase “trabaja en lo que te gusta, y nunca tendrás que trabajar”?

Cuando estaba creciendo, mínimo la escuchaba una vez a la semana. O más.

Más testimonios reales en whatsapp

Pues mira, lo siento, pero discrepo.

Yo trabajo por dinero. Y si no me quieres pagar, pues haré lo necesario para cobrar, o no trabajaré.

Me gusta mi trabajo si, pero si no me pagaran no me verían el pelo por aquí ni por equivocación. ¿En serio alguien lo haría?

Cuando tenia 16 años, la tutora de clase nos dijo que teníamos que elegir lo que íbamos a hacer al siguiente año. Muchos de mis amigos lo tenían claro: un grado medio de alguna especialidad, iban a empezar a trabajar directamente, o iban a ir a hacer el bachiller X que les daría acceso a la carrera o al grado Y. Otros, estábamos más perdidos que un pulpo en un garaje. “Tenéis que elegir algo que os apasione, que se os de bien, y que tenga salidas laborales de cara al futuro. Cuando seáis adultos, si trabajáis en algo que os gusta, sentiréis que nunca tenéis que trabajar. Todo sea placer”.

Pues ahí me puse yo a mirar qué cojones hacer con mi vida. Siguiendo ese esquema, elegí lo que me gustaba, estudié, me puse a trabajar, seguí estudiando y seguí trabajando. Y así llevamos 20 años. Y nos quedan otros tantos.

¿Cuándo se supone que empieza el placer? Porque, de momento, yo sigo pensando que si no me pagaran no trabajaría ningún día.

He tenido más trabajos que bragas. Trabajos en cosas que me han gustado más, en cosas que me han gustado menos, y trabajo en lo que supuestamente me apasiona hacer. Y, sinceramente, el sentimiento es el mismo. Igual me ha dado irme a trabajar al super, al evento de turno que tenia que hacer ese día, con los niños, a la perfumería o al laboratorio. Me han gustado todos por igual, o he odiado a todos por igual.

Opino que, algo que es considerado una obligación (como puede ser un trabajo), no puede disfrutarse en la vida.

Me pasa, incluso, con mis hobbies. Tengo dos grandes aficiones en este momento: el punto de cruz y los puzles. Y si, ya se que tengo aficiones de señora mayor. Desde que el super me convirtió en señora no ha habido vuelta atrás. Puedo pasarme horas enfrascada buscando piezas, o media noche apuñalando a un trozo de tela. Y me lo paso bien, me encanta ver como las cruces empiezan a tomar sentido y van cobrando forma. Pero, en el momento que lo hago por un motivo en concreto…se jodió la diversión.

Me comprometí con una amiga a hacerle un cuadro de nacimiento para su peque, por ejemplo. Elegí yo el modelo, los colores, la tela. Lo tenía todo para ser el tiempo de ocio perfecto. Pues no. He odiado todas y cada una de esas puntadas. En cuanto se ha convertido en una obligación, el placer y la diversión salen volando por la ventana.

Incluso echar un polvo con el propósito de hacer un hijo se convirtió en una obligación en vez de algo de lo que disfrutar. Y mira que se disfruta ahí despatarrada en la cama…

En serio, ¿será que no he encontrado mi verdadera pasión, o es que nos han engañado toda la vida con aquello de que el trabajo es placer? Si alguno de vosotros disfruta trabajando, y no siente que lo hace por obligación, por favor, por favor, ¡escribid vuestros trucos para lograrlo!

Andrea M.