No se vosotras (y vosotros), pero yo trabajo por dinero. Y con ciertas condiciones.

Siempre he tenido mi lista de cosas mínimas que una empresa tiene que cumplir si quiere contar conmigo. Una de ellas, la más importante, es que si yo hago un trabajo tú me pagas por ello. No hay más.

Hoy, os vengo a contar la vez que tuve que denunciar a mi empresa por no pagarme lo acordado.

Llegué allí tras pasar dos entrevistas. Que perfectamente podía haberme ahorrado, ya que no fueron más que mentiras y falsas promesas.

La empresa se dedicaba a hacer piezas para coches, como muchas en Aragón al tener la Opel cerca.

En principio, yo entraba a Calidad de producto terminado. Horas extras optativas, siempre con mínimo 10 días de preaviso; formación a cargo de la empresa…bla bla bla.

Nada más llegar el primer día (viernes) la primera en la frente. En vez de estar en calidad iba a estar pintando las piezas con una pistola de esas de aerosol. ¿Hola? Esto no fue lo acordado. Y no tengo ni la más remota idea de cómo pintar con una pistola de esas. Pero bueno, como me gusta aprender de todo pues pedí mi mascarilla, mis guantes y mis gafas de seguridad para poder empezar.

¡Sorpresa! No les quedaban. Tendrían que pedirla, y llegaría en un par de semanas. Mientras tanto, podía ir trabajando sin ella. Pues si mis epis llegan en dos semanas empezaré a trabajar en dos semanas. A los 20 minutos los tenía todos en mi poder.

Al acabar el día, me dijo que me tocaba trabajar el fin de semana. Lo siento, pero ni de coña. Es mi cumpleaños y ya tengo planes. Acordamos que las horas extras eran optativas y con diez días de preaviso. “¡Es que te necesito este fin de semana!” Pues lo siento, pero eso no va a pasar.

A regañadientes aceptó y me avisó que trabajaría los dos siguientes.

Cuando empecé a socializar un poco más fui descubriendo cosas: mis compañeros llevaban casi un año trabajando todos los fines de semana, sin días de descanso. Y no todas las horas extras estaban pagadas en la nómina. La encargada no dejaba de repetirles que, si no querían, encontrarían a alguien dispuesto. Que nadie era imprescindible en la empresa.

Además, yo era la única a la que le proporcionaron las mascarillas, guantes y gafas necesarias. El resto, o lo compraban ellos, o no los llevaban.

Pregunté por qué consentían eso, y simplemente levantaron los hombros. Es lo que hay, dijeron.

Al terminar el primer mes me encontré con que no me habían pagado ninguno de los cuatro días que había hecho de horas extras. 

Le pregunté a la encargada, quien dijo que era culpa de la de nóminas. De ahí pregunté a la de nóminas, quien dijo que era culpa de la encargada, que no había pasado las horas a tiempo.

Hablé con ambas y les advertí que o mi dinero estaba en mi cuenta en una semana, o tomaría medidas. Ambas se rieron y me dijeron que vale.

¿Qué pasó? Que en una semana estaba yo en el ministerio de trabajo, denunciando el caso.

Tres días más tarde me llamaron de la oficina central para darme mi cheque. Y mencionaron que les parecía algo exagerado que fuera al ministerio de trabajo por esa nimiedad.

Dos semanas más duré en esa empresa. Encontré otra cosa y me marché.

A los meses, recibí una carta del Ministerio de Trabajo informando de que la investigación había terminado, con una multa bastante cuantiosa a la empresa. Por lo visto, llevaban años sin declarar las horas extras de ninguno de los trabajadores. Y varios de ellos solo cotizaban por media jornada.

Varios compañeros me contactaron para agradecerme, puesto que las cosas habían mejorado mucho para todos. Incluyendo los pagos.

Así que os animo a, si tenéis algún problema de estos tipos en algún trabajo, que no os quedéis callados, que lo denunciéis si hay que hacerlo. 

Que si, que yo también tengo facturas que pagar y una familia que mantener, pero si seguimos dejando que nos pisoteen nuestros derechos, al final terminaremos perdiéndolos. Y si todos nos negamos a hacer lo que no nos corresponde o para lo que no nos pagan, tendrán que terminar por respetarnos.

Andrea.