Estoy puteada hasta el infinito y más allá. Y todo por tonta y por firmar todo lo que mi exmarido me ponía por delante, siempre con el firme convencimiento de que era lo mejor para el matrimonio y que, por supuesto, no había nada que temer en aquel momento.

Pero amigas, la vida está en movimiento, el mundo no para de girar. Y lo que una firma para pagar en tres, cinco o siete años, eso sí que es seguro… mientras que el matrimonio no tiene por qué durar tanto. Y eso es lo que me pasó a mí.

Un buen día, el muchacho me dijo que sentía que estaba perdiendo el tiempo a mi lado (tremendo) y que quería empezar una nueva vida lejos de mí. Lo gracioso es que no necesitaba nada de mí… salvo mi pasta, claro, porque tres años después sigo pagándole varias letras.

Para empezar, se le metió en la cabeza comprarse un coche de gama alta. Teníamos uno que iba bien, pero él quería otro, para su uso personal. Mi sueldo era el más fuerte de los dos, y aunque el coche se compró a su nombre, la financiación se hizo con mis datos y mi cuenta, porque en aquel momento todo era común.

Lo que yo no me imaginaba es que el muy cabrito me iba a dejar plantada como a un cactus y que, encima, yo iba a tener que pagarle cinco años de coche, con una letra mensual nada desdeñable.

Algo parecido pasó con un crédito que pidió para montar una distribuidora de bebidas, que desde el minuto uno sólo nos dio pérdidas y dolores de cabeza. Mismo plan: el crédito está a mi nombre, así que yo lo sigo pagando religiosamente.

En varias ocasiones he hablado con él de esto y siempre empieza con un “lo siento”, pero luego remata con “pero están a tu nombre”. El muy cerdo. Cuando le insisto, me promete que me lo va a pagar, pero nunca llega a hacerlo. Me dice lo que quiero oír, se queda tranquilo, y luego me vuelve a dejar con la cara partida asumiendo sus gastos.

Entiendo que en los papeles consta mi nombre, pero… ¿qué hay de ser un tío responsable y hacerse cargo de lo que uno firma? Esto es una cuestión de honor, de justicia y de no abusar de las personas, sobre todo teniendo en cuenta que aquello se firmó en el seno de un matrimonio.

Si él decidió romperlo, y no tenemos hijos en común, lo suyo sería que cada uno se encargase de lo suyo. Pero no. Él disfruta de su sueldo íntegro mientras que yo tengo que asumir letras por cosas que ni uso ni quiero.

He pensado seriamente en dejar de pagar sus deudas, pero al final a quien le repercute es a mí, porque el negocio ya se cerró y el coche nadie se lo va a quitar. La deuda es con la financiera, no con él.

Así que tire por donde tire, no hay más salida que seguir pagando las deudas de mi exmarido, aún divorciados. Qué ironía.