Una joven mexicana se ha hecho viral en TikTok mostrando su día a día en lo que ella misma ha bautizado como “una prisión para gordos” en China.

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Obviamente no es una prisión, pero tiene toda estética carcelaria: comida servida en bandejas metálicas, comedores enormes y habitaciones con literas que no tienen pinta de ser muy cómodas y que recuerda mucho a un campamento militar.

Se trata de un programa en el que la gente, que quiere perder unos kilitos, se somete a un encierro voluntario donde hacen ejercicio continuo y comen sano. Todo ello por un módico precio de 400 dólares al mes.

Una ganga si lo piensas: alojamiento, comida, deporte y una relación casi de amistad con la báscula, porque te vas a pesar varias veces al día.

La rutina es sencilla. A las 7:50 de la mañana te pesas. Ejercicio intenso: crossfit, cardio, pesas, spinning… Comidas controladas, altas en proteína, bajas en calorías. Otra vez a pasarse a las 8 de la tarde para comprobar que tanto ejercicio y comida sana ha dado resultados. Y algo de tiempo libre por si quieres llorar, estudiar chino si no eres de allí, o dormir.

El video de Jess (@ohjesshoney), creadora de contenido, cuenta ya con casi 6 millones de reproducciones en TikTok, y casi dos mil comentarios de otros usuarios de la aplicación. Comentarios de admiración. De envidia. De “ojalá yo pudiera ir”. De “A ver cuando ponen algo así en mi país”. De “eso sí que es compromiso”. Porque vivimos en una cultura que romantiza el sufrimiento si es con fines estéticos. Donde pasar hambre es fuerza de voluntad, pero disfrutar de tu cuerpo es dejadez. Donde encerrarte para adelgazar es disciplina, pero no querer cambiar es rendirse.

@ohjesshoney

Mi propósito de ser fit se cumple si o si #china #fyp

♬ suono originale – jess

Lo fascinante de esta historia no es que exista un centro así, es que a alguien le sorprenda. Llevamos décadas normalizando que los cuerpos gordos vivan bajo vigilancia constante. Vemos súper común opinar sobre los cuerpos ajenos, como si tuviéramos derecho a sugerir a nuestra amiga, la gorda, una dieta o un gimnasio buenísimo para que adelgace.

Pues que sepáis que las personas gordas tenemos espejos en casa. Algunas nos vemos divinas y no nos da la gana cambiar. Y otras queremos perder unos kilillos para entrar en unos vaqueros que tenemos guardados, pero no hay manera. Nos pasamos el día mirando aplicaciones que cuentan calorías, relojes que cuentan pasos nos dicen si hemos sido suficientemente activas, pasando hambre, y aún así no adelgazamos. O si, pero muy lentamente. A veces pierdes cinco kilos, que te ha costado sudor y lágrimas, y nadie se da cuenta porque, según los estándares de belleza, te sobran veinticinco.

Porque llamémoslo por su nombre: esto no va de salud. O no solo. Esto es control. Va de demostrar que estás haciendo lo suficiente para dejar de tener un supuesto problema. De convertir el cuerpo en un proyecto de mejora constante, en una tarea pendiente, en algo que no merece descanso hasta que se ajuste a la norma.

¿Os acordáis de aquello de ver la paja en el ojo ajeno, pero no la biga en el tuyo? Pues con esto pasa lo mismo. La gente de tu entorno se preocupa de tu peso, pero no se preocupan de su salud mental. Y muchos debería gastar menos en gimnasios o en hacerse las uñas, y más en psicólogos.

Y no, esto de China no es una cárcel, aunque lo llamemos así. Las cárceles no te cobran 400 dólares al mes ni te venden la idea de que todo esto es por tu bien. Es el capitalismo del cuerpo. Y como toda buena prisión moderna, la puerta está abierta. Lo difícil es dejar de pensar o que te dejen de sugerir que necesitas entrar en un sitio así.