Vivo en un pueblo tan pequeño que no tiene ni tiendecita de alimentos básicos, ni bar, ni ningún otro servicio. Por allí no pasan ni los autobuses. Para cualquier cosa hay que usar el coche o el tren, que pasa cada dos horas. En coche sí queda todo más a la mano (a 8 minutos hay un Dia y a 10 está el gimnasio), pero, sin él, una simple compra conllevaría un paseo de media hora de ida y otra media de vuelta.

Lo bueno es que es un apartamento amplio, con tres habitaciones, acceso a un jardín muy amplio compartido con otra familia y un entorno natural muy muy atractivo. Mi pareja y yo pagamos menos de 300 € por él, otra de sus grandes ventajas.

Escucho tanto hablar sobre el altísimo precio del alquiler de cualquier cuchitril que celebro que no se me vaya riñón y medio pagando por tener un sitio en el que vivir. Tan afortunada me siento que intento generar los mínimos problemas posibles. No es algo de lo que presumir, lo sé, pero mi vecino, que paga lo mismo, llama al casero a nada que se le agrietea un poquito la pintura de la pared. Yo, en cambio, intento generar las mínimas molestias posibles. Pueden pasar muchísimos meses sin que los dueños del piso sepan de mí mas que al momento de ingresar alquiler y suministros.

Tu inquilina, tu aliada

Mis caseros son un matrimonio de jubilados que, con esos precios, dejan claro que no quieren su vivienda para especular. En su día, la heredaron y, antes de tenerla cerrada, la alquilan y sacan algo. Hay en el pueblo varias casitas de alquiler vacacional, y ellos perfectamente podrían sumarse a la ola y ganar muchísimo más. Pero nos lo tienen alquilado a nosotros desde hace cuatro años, porque consideran que somos buenos inquilinos y anteponen la tranquilidad a las ganancias. En este tiempo, solo nos han subido el alquiler una vez.

Soy muy consciente del coste de la vida y de que mis caseros pagan impuestos y seguros que, a final de mes, echando cuentas, les deja un margen de beneficios escueto. Y no son una ONG, por mucha estima que nos tengan. Así que no me voy a poner a exigir.

Las mosquiteras las instalo yo, vale. Pongo dos escritorios con sus sillas y compro una televisión, obviamente, que la de la casa ni se veía. Pero, de otras cosas que suponen una mejora sustancial de la vivienda, incluso una revalorización, ¿no deberían ocuparse ellos?

¿Esto es normal?

Hace poco pintamos el baño porque vivimos en una zona con mucha humedad, así que el techo tenía moho. Ahora nos estamos planteando ampliar el espacio para la ducha, que tiene un plato muy muy pequeño y no tiene mampara. Los caseros saben perfectamente lo incómodo que es, pero nos dan pares y nones cuando les dejamos caer el tema.

El caso es que yo trabajo desde casa y mi pareja tiene un contrato de trabajo temporal. Estamos lejos de nuestra ciudad de origen y no sabemos cuánto tiempo vamos a estar en la casa, así que no sé si nos merecerá la pena hacer la inversión, ni cuánto nos costará, ni si la podríamos asumir.

Hemos estado por decirle que nos suba el alquiler y arregle algunas cosas de la casa que merecen intervención urgente, como el baño. Pero antes me he puesto a investigar si lo que nosotros pagamos se considera razonable hoy día, o es demasiado poco.

He visto que en zonas similares a la que yo vivo (con los mismos servicios y un entorno parecido) en otros sitios de España sí hay bastantes alquileres por esos precios, así que la cuantía de mi alquiler no es tan inusual. Además, no sé hasta qué punto me tengo yo que hacer responsable de los precios que me quieran poner los caseros. Puedo ser empática, sensata y no tensar la cuerda, por ética y por ser práctica, ya que saldría perdiendo yo. Pero temo que estamos siendo demasiado conformistas o ingenuos.

¿Alguna sugerencia sobre cómo abordar esto? ¿Consideráis que pago demasiado poco? ¿Es razonable que haga mejoras sustanciales en una casa en la que no sé cuánto tiempo me voy a quedar?