Hace poco coincidí con una familia del cole de mis hijos en una cafetería. Mientras los peques se saludaban tímidamente al principio y luego se ponían a corretear por fuera del local, la mamá me preguntaba que qué tal en este cole nuevo. Yo le decía que en general estaba contenta y que los niños también.

Empezamos a hablar y, entre anécdotas, me di cuenta de que ella mencionaba mucho a un niño de clase. Él estaba allí con ellos. Yo, despistada como soy, creía que era hijo de ella también. Pero entonces me contó la realidad.

Conste, antes de que me pongáis pingando, que yo no le pregunté, que yo no participé en el cotilleo más que como espectadora (quien dice “yo” dice una de vosotras que me pidió que lo contase) y que esa mujer se veía que necesitaba desahogarse.

Rubén era un niño bastante movido pero que, en general, se portaba muy bien. Sin embargo, llevaba un tiempo suspendiendo muchos exámenes, pegando a sus compañeros, faltando al respeto al profesor…

Y es que, al parecer, sus papás se estaban separando. Más allá de ser una historia más de un niño que no acepta el divorcio de sus padres, estaba presenciando en primera persona cómo ambos se peleaban su custodia. Pero el problema era que ninguno de los dos la quería.

Al parecer el padre había empezado a salir con una chica de su oficina hacía ya meses. La madre los pilló y lo echó de casa. Luego vio que cada vez que el niño se iba con él, pasaban el tiempo los dos solos (padre e hijo), pero en cuanto el niño volvía con ella, el padre salía con su nueva novia a cenar, se iban de escapada romántica, salían de marcha con amigos… Y eso dijo que no lo iba a permitir.

Después de tantos años de relación en que jamás quiso ir con ella a ningún lado, ahora lo veía disfrutar por ahí y se moría de rabia. Así que empezó a disfrutar ella también de su tiempo libre cuando el niño estaba con su padre.

El padre finalmente se dejó con la nueva pareja y volvió a su vida de encierro y aburrimiento, por lo que no soportaba enterarse de los viajes y noches de juerga de su ex. Así que le pedía seguido que se quedase con el niño cuando le tocaba a él con excusas del trabajo, aunque en realidad era para estropearle a su ex los planes.

El niño se veía en medio de una guerra en la que era utilizado para hacer rabiar al otro, dejándole claro que su presencia era un castigo. Y entonces había empezado a portarse fatal y esta mamá sospechaba incluso que se había empezado a autolesionar porque, en la última pijamada le vio unos cortes extraños en un brazo y él le dijo que había sido una caída, pero hoy tenía más todavía.

Le preguntó a la madre y ésta le dijo que no le diera importancia, que los críos, ya se sabe… Pero el pobre chaval, en medio de aquella batalla horrible, pasaba más tiempo ahora en las casas de sus amigos que con sus padres y es una lástima pensar que esté mejor y más a gusto allí que con su familia porque le tocaba ver cómo su madre le manda audios su padre o viceversa advirtiéndole de que el siguiente finde “se jode” y se queda al niño.

Esto confirma ese dicho popular de que se debería sacar un carné para ser padres… ¡Madre mía!

 

 

Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.

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