El sueño de mi vida siempre fue ser jueza. Trabajé muy duro en la universidad para sacar las mejores notas en las diferentes asignaturas. Después, justo acabar la carrera, tuve claro que quería dedicarme a la judicatura. Mis padres me apoyaron y me dijeron que me pagarían un preparador. Así lo hicieron y yo me metí de lleno en la oposición. Empecé a no tener vida, solo estudiaba. Me permitía descansar un día a la semana, los demás días, estudiaba las mismas horas o incluso más que una jornada laboral. Me pasé cuatro años encerrada entre libros y preparadores. Decliné cualquier invitación a salir por parte de chicos, puesto que no quería empezar ninguna relación a la que no pudiera dedicarle tiempo. A alguna de mis amigas le costó entender que no pudiésemos quedar o hablar casi nunca, pero siguieron ahí, apoyándome desde la distancia. Alguna gente no entendía como podía perder tantos años de mi juventud encerrada, pero yo sabía que valdría la pena y que luego tenía toda una vida por delante para compensar los años perdidos, trabajando de aquello que me apasionaba.
A veces siento que me perdí muchas cosas, muchas fiestas, eventos, quedadas y pasar tiempo de calidad con la familia. Pero lo que más siento haberme perdido fueron los primeros años de mi sobrino. Mi hermana se quedó embarazada cuando yo empecé a estudiar. Y no pude estar con ella en esos momentos cruciales. Al principio ella decía que lo entendía y mis padres intentaban explicarle que yo ahora no podía estar junto a ella tanto como me hubiera gustado. Pero es que tampoco pude ver a mi sobrino más que un rato cada dos semanas o cada tres durante sus primeros años de vida. Y eso hizo mella entre nosotras. Ella se sentía decepcionada y abandonada; nosotras siempre habíamos estado muy unidas. Y yo me sentía incomprendida. De esta manera, nos fuimos alejando sin darnos cuenta. De verdad que el único tiempo del que disponía se lo dedicaba a ella y a mi sobrino, pero vivimos lejos, y no podía estar cerca de ellos tanto como me hubiera gustado.
Después de cuatro años de sacrificio y de mucho esfuerzo, conseguí mi sueño. Mi hermana no mostró la alegría que hubiera esperado que sintiera. Creo que nunca me ha perdonado que pusiera mi carrera profesional por delante de la familia. Pero no la puse por delante, la puse al lado, pausé mi vida y entendí que la vida de los demás seguía girando, pero que yo no podía girar al mismo ritmo. Ella, por el contrario, no entendió mi encierro. Siempre dice que lo respeta, que no está molesta, pero mis padres me han explicado lo mal que lo ha pasado al no tenerme al lado como le hubiera gustado en esos momentos tan felices pero estresantes a la vez.
Creo que ella tampoco es capaz de ponerse en mi piel, su sueño era ser madre, y lo hizo cuando ella creyó que era el momento adecuado, obviamente, pero mi sueño era ser jueza y no podía elegir otro momento de intentar conseguirlo que no fuera al acabar la carrera, cuando se tiene un hábito de estudio ya implantado. Ahora soy feliz, trabajo de lo que siempre he soñado y estoy contenta porque mi esfuerzo no fue en vano. Es cierto que mi hermana está distante, apenas hablamos, y es cierto que no he visto crecer a mi sobrino como me hubiera gustado, pero también sé que si nos lo proponemos podremos recuperar el tiempo perdido y celebrar que las dos hemos conseguido aquello que tanto deseábamos.Perdí a mi hermana por sacarme una oposición
