Os cuento mi historia para que no os pase y también para que aprendamos a cuidar nuestra privacidad. Creo que, como sociedad y como generación, tenemos que entender que no todo hay que enseñarlo y aunque no al nivel de otras personas, yo fui víctima de las desventajas de la sobreexposición en internet.

Hace ya un año de esto, así que puedo hablar del tema con más calma, pero en su momento sentí que era lo peor que me había pasado en la vida.

Planeé durante meses un viaje con mis amigas, lo que iba a ser el viaje de nuestras vidas. Ahorramos muchísimo, organizamos todo con detalle y por fin llegó el día. Para que os hagáis una idea del gasto: nos íbamos dos semanas a Asia. Un par de días antes, por la emoción y por pardilla, publiqué la típica foto del billete dentro del pasaporte en una historia de Instagram.

El día del viaje, cuando fui a hacer el check-in, me llevé la sorpresa de mi vida: mi billete estaba cancelado. Pegué un grito, discutí con la aerolínea, con personal del aeropuerto, mis amigas intentaron ayudarme… pero nada. Según ellos yo había cancelado y no se podía hacer nada.

Mis amigas tuvieron que irse sin mí y no las culpo. Si se quedaban perdían también una burrada de dinero. Por mucho que yo estuviera histérica y fuera ya totalmente irracional, no tenía sentido que sacrificaran su viaje por algo que no tenía solución.

Más calmada conseguí aclarar la situación. Alguien había llamado por teléfono haciéndose pasar por mí y había pedido la cancelación dando mi número de reserva.

Y ahí me di cuenta del desastre: una de mis amigas me enseñó mi propia historia de Instagram donde se veía clarito clarito el número de reserva en la foto. Se me cayó el alma. Para rematar mi cuenta es privada y solo tengo gente conocida.

Al final tirando del hilo descubrí que la broma me la había hecho una supuesta amiga con la que hace tiempo tuve un problema.  Lo supe por descarte. Me pasé días revisando mi lista de seguidores y era la única persona con ese perfil. Cuando otra amiga la confrontó lo negó todo pero se puso completamente en mi contra, cuando ni siquiera era yo quien le estaba pidiendo explicaciones. Blanco y en botella.

De aquella experiencia me quedó muy clara una cosa: hay gente muy rencorosa, nunca sabes quién sigue guardando mierdas del pasado y la privacidad está infravalorada. No todo tiene que subirse a redes. Lo que ella hizo no tiene justificación, está fatal de lo suyo, pero la culpa principal fue mía por exponerme de esa forma.

Anónimo

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