Nunca he sido una persona con problemas para dormir. Incluso desde niña dormía las noches completas, por suerte para mis padres. Si llega la hora de dormir, mi cerebro de conecta y yo me rindo a los brazos de Morfeo sin tener que hacer esfuerzo ninguno. Sin embargo, llevo dos meses en los que he conocido el significado de la palabra «insomnio». Y lo peor es que no sé cómo erradicar esta situación sin acabar saliendo mal parada y haciendo daño a terceras personas a las que quiero mucho.

insomne

Este pasado verano organizamos la despedida de soltera de una de mis mejores amigas. Con la complicidad de su novio, las cinco del grupo y su futura cuñada la ‘secuestramos’ un viernes al salir del trabajo y nos la llevamos a Ibiza un fin de semana entero. El fingido secuestro salió a pedir de boca, le destapamos los ojos ya en el aeropuerto y hasta lloramos de alegría. Han sido muchísimo años de amistad, y este era uno de los planes que mas ilusión nos hacía a todas, prepararnos las respectivas despedidas de soltera unas a otras.

Ya en Ibiza, el finde empezó genial: un paseo en barco, cena y fiesta en una discoteca chulísima. Lo dimos todo bailando. Estaba saliendo todo tal y como lo planeamos. Cuando lo pienso ahora, me da hasta cierta risa, pues no podía yo ni imaginarme cuánto me iba a arrepentir de haber ido a ese viaje. El segundo día teníamos contratado un reservado en una discoteca súper exclusiva a la que la novia siempre había querido ir. Sacamos la artillería: le pusimos un velo de esos que ponen «bride», una banda de purpurina, una boa de plumas blanca y todas llevamos puestos anillos que eran vasos para chupitos. Había que dejar claro que ella era la novia ya que al decir en la reserva que era una despedida de soltera, nos dijeron que avisásemos de quién era la protagonista para que lo supieran los camareros.

Estuvimos en el reservado durante un par de horas antes de mezclarnos entre la gente para bailar un rato. Los camareros habían sido súper simpáticos y divertidos y consiguieron que mi amiga fuera el centro de atención todo el tiempo, estando atentos a ella y a que no le faltara nunca una copa o chupito. Esto me pareció completamente normal, así que lo cierto es que no me lo vi venir.

Cuando llevábamos un rato bailando en la sala principal, vi que la novia se nos había perdido. Entre el ruido, las luces y las copas que ya llevábamos encima, ni nos dimos cuenta. La llamé al móvil y no contestaba, así que fui al baño a ver si estaba allí, pero no la encontré. Sin embargo, al salir, vi en un rincón el velo que ponía «bride» , justo al lado de una puerta que ponía «prohibido el paso» . Me asusté muchísimo y entré de golpe en la habitación gritando su nombre. La imagen que me encontré es la culpable de mi insomnio: mi amiga, la futura novia, estaba con el vestido arrollado en la cintura y las bragas por los tobillos, felizmente acompañada por uno de los camareros del reservado, quien solo llevaba puestos los gayumbos. Mi amiga dejó de reírse en cuanto me vio y soltó un «tía por favor no digas nada» que alcancé a oír mientras me daba la vuelta y salía de esa especie de almacén de la discoteca.

wtf

Apenas le dirigí la palabra el resto del viaje. Disimulé frente al resto, pues además en el grupo venía su cuñada, así que imaginaos lo incómoda que podría haberse puesto la situación si yo hablaba de más.

Me sentí defraudada, no entendía cómo podía haberle hecho eso su novio, que es un trozo de pan. Ella no pretende decirle nada, porque sabe que si se entera, la dejará. Y yo, desde entonces, tengo que cargar con su secreto, porque si digo algo, me cargo la boda y mi amistad con mi amiga. Pero por otro lado, no puedo evitar pensar que él no se merece llegar al altar sin saber con quién se está casando. Por si algo he aprendido de esta situación, es que nunca se llega a conocer a la gente de verdad, por muchos años de amistad o relación que se compartan.

Aún no sé qué debo hacer, pero mientras tanto, bajaré a la farmacia a por melatonina, a ver si esta noche mi conciencia me deja conciliar el sueño.

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