Hemos normalizado demasiado el sexo. Está claro que (siempre y cuando haya deseo) es algo maravilloso. Cada vez hablamos más sobre ello y me encanta porque esto no solo te permite echarte unas risas, sino también aprender y concienciar sobre conductas normalizadas. Hasta ahí todo estupendo, pero por Dios, eso no borra los límites.

Una de mis mejores amigas y yo compartimos piso desde hace medio año. Las dos somos del mismo pueblo y al final entre el trabajo y los estudios pasábamos más tiempo en la ciudad que en nuestras casas, así que decidimos mudarnos juntas para compartir gastos y (por qué no) hacer la experiencia un poco más divertida.

De normal la convivencia es muy buena. Al final nos conocemos desde hace mucho tiempo, sabemos qué necesita la otra en cada momento y no dudamos en pegarnos un par de gritos si algo no nos gusta. No le tenemos miedo a poner límites y de hecho yo impuse uno antes de mudarnos juntas: en esta casa no se acepta el nudismo.

Llamadme mojigata si queréis, pero me da asco que ponga su culo sudado en el sofá, las sillas y demás. Cuando se lo comenté ella aceptó a regañadientes, pero al final comprendió que cada uno tiene sus aprensiones y hay que respetarlas. Y por eso me da especial rabia el percal con el que me encontré el otro día.

Ella rompió con el novio poco antes de mudarnos juntas y lo ha pasado bastante mal. No obstante, hace varias semanas que está más animada: vuelve a quedar más con nuestro grupo de amigas y nos ha dado por salir de fiesta bastante a menudo.

Mi mejor amiga es muy atractiva y sociable y nunca le faltan pretendientes, pero cada vez que se le ha arrimado un chaval lo ha acabado rechazando porque aún estaba superando la ruptura y no se sentía preparada para liarse con otra persona. Es un proceso lento y nosotras nunca le metemos presión con el tema.

El fin de semana pasado, cómo no, mi grupo volvió a quedar para salir de fiesta, pero esta vez yo no podía unirme porque había quedado con otros amigos. La noche fue bien, cada una por su lado, y las copas se me alargaron un poco más de lo que pretendía, así que acabé llegando bastante tarde a casa. Entré despacito por si mi amiga estaba durmiendo y cuando abrí la puerta de mi habitación, me la encontré en plena acción con un chico. ¿Perdona?

Mi más sincera reacción fue pegar un grito y decirles que salieran ya mismo de mi cama. Me quedé ahí plantada viendo cómo recogían la ropa del suelo de mi habitación mientras mi amiga me fulminaba con la mirada. Sinceramente, no sentí ni un poco de pena. Estaba furiosa y no se me ocurría ningún pretexto que justificara trincar en mi cama, así que en cuanto salieron, pegué un portazo, tiré las sábanas al suelo y me fui a dormir.

A la mañana siguiente mi amiga ya estaba despierta y, para mi sorpresa, en cuanto le vi la cara noté que estaba enfadada. Me reclamó por gritarles así, según ella, había sido humillante. Yo hice un ejercicio de retención digno de monje budhista y le pregunté qué mierda hacían follando en mi cama, a lo que me contestó que ligar con ese chico fue algo inesperado y tenía su habitación desordenada, así que para no pasar vergüenza se lo llevó a la mía.

Lógicamente me pareció una excusa de mierda y le canté los cuarenta principales, lo que solo avivó su cabreo. Mi amiga se justifica en que volver a tener sexo con otra persona era un gran paso para ella y que esperaba que yo me alegrara. Trincar en mi cama era una minucia en comparación con su logro personal y que yo hubiera reaccionado de esa forma, según me espetó, solo dejaba ver que tengo un problema con la desnudez y que soy bastante chapada a la antigua.

No medié ni una palabra más, me fui a dar un paseo y cuando volví tenía tropecientos WhatsApps en el grupo de las amigas. Se ve que mi “amiga” se lo había contado a otra del grupo y la iluminada estaba intentando poner paz diciéndome que no es motivo para tanto drama. 

Así que nada, una semana después sigo enfadadísima, evitando estar en zonas comunes de la casa para no ver a mi amiga y esperando una disculpa que no tiene pinta de llegar. Y mientras tanto, todas opinan que soy la mala de la situación.

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