Conozco a muchas mujeres que han abortado (con motivos variados) y hoy vengo a compartir los míos con vosotras. Voy a tratar de normalizar el asunto y darle visibilidad, así que si me vas a juzgar y a criticar este no es tu sitio. Este es un relato de una experiencia, consecuencias de las cuales diría que algunas os podréis sentir identificadas.

Después de mi primera historia de amor verdadero (esa primera relación seria, la cual acabó por durar relativamente poco) me sentía sola, despechada, y estaba empezando a tantear terrenos peligrosos. Ya sabéis, después de una ruptura hay varias fases para superarlo: La del helado y película, la del cambio de look, la del viaje a un país extranjero, la de otro amor (por lo de un clavo quita otro clavo) y POR SUPUESTO, la del puterío.

Yo me tiré directamente a esa y meses después de la ruptura (y de pasar por algunas de las fases anteriores) me acosté con dos personas con pocos días de diferencia. La primera fue sin condón (sabía por seguro que no se había corrido dentro) y la segunda sí que usamos, pero se nos rompió y tuve que ir a tomar la pastilla del día después. Una bomba de relojería, vaya. Y nada, como imagináis, me quedé embarazada.

Cuando noté la primera falta fui directamente al ginecólogo y al contarle mi retraso me dijo que en esa edad era normal tener cambios en los ciclos; que me harían unos análisis y unas pruebas. No le di más importancia hasta que un mes después los análisis de sangre salieron alterados y al hacerme un test de orina dio “El Positivo” (en mayúsculas). Mi cara fue un puto cuadro. Tal fue mi disgusto que ambos médicos después de explicarme todas las opciones y que yo les reprochara la tardía, se dieron cuenta de la cagada (mía por confiar y suya por el error en diagnosticar). Si hubiera hecho bien de buen principio, las opciones serían otras; ahora únicamente me quedaba el aborto quirúrgico (o por aspiración).

Ya se acercaba la doceava semana, por lo que iba a contrarreloj para tomar una decisión. Tenía 21 años, sin trabajo estable ni estudios finalizados, viviendo con mi familia y sin contacto alguno con el padre (obviando que no tenía por seguro quién de los dos era, aunque una intuición me decía que era más probable el segundo).

Lo hablé con mis amigas, con mis amigos, con mis primas, y hasta con mi madre. No sabía qué hacer aún y sabiendo que tendría el apoyo de todas esas personas fuera cual fuera mi decisión. Y al principio decidí tenerlo. Dos semanas traté de convencerme de que sería capaz de ser buena madre, hasta que un día fui sincera conmigo misma. Estaba en la playa paseando y tomando el aire cuando vi que no, no era el momento. Fue una de las decisiones más difíciles que había tomado hasta ese momento.

Tuve que sentarme para digerir ese pensamiento.

Y llorar. Llorar mucho al oír pasar frases MUY duras por mi cabeza: “Es mejor arrepentirse de abortar que de tener un hijo”, “Si no sabes cuidar de ti misma, no sabrás cuidar a otro”, “Como pretendes sacar adelante una vida si, mírate, ni siquiera puedes con la tuya”, “Si lo tienes será por puro egoísmo, porque TÚ quieres ser madre, no porque seas capaz de serlo”, etc.

Aborté al límite de tiempo. Fue la sensación y el dolor que más congoja me ha provocado; entré llorando, seguí llorando, y salí llorando. No era capaz de asimilar qué estaba pasando y no fue hasta días después que logré focalizarme en cómo gestionar todo ese trote emocional que ocupaba mi cuerpo y mi mente. Todavía hoy me duele y me acompaña el pensamiento de qué habría pasado si hubiera decidido lo contrario, son preguntas que me hago constantemente. Porque nunca dejará de doler ni me olvidaré de calcular cuántos años tendría ahora. Y eso que yo sabía que era lo correcto, pero ¿sabéis qué pasa?, que a veces saber tomar la decisión más correcta es lo que más duele.

Moreiona