Adrián y Pablo eran los mejores amigos del mundo. Desde que se habían conocido en la universidad se habían hecho inseparables. A pesar de vivir en diferentes ciudades, cada uno de ellos podía contar con la casa del otro como propia para verse o para lo que necesitase. Sus familias se conocieron y ambas acogían al otro como de la familia, dada la amistad tan profunda que ambos compartían.
Sus amigos siempre dieron por hecho que serían amigos para siempre, que serían casi familia. Decían que eran “culo y mierda” “uña y mugre” y otros comentarios desagradables que bromeaban sobre el tipo de confianza y cercanía que había entre ellos.
Hace años Adrián se casó y la mujer de este pasó a ser “mejor amiga consorte” de Pablo. Encajaron super bien desde el principio. Eran bastante parecidos en muchas cosas y su franqueza y su forma de ver la vida les llevó a hacerse muy amigos pronto.

Pablo estaba soltero y viajaba cada poco a casa de sus amigos, quienes lo recibían con los brazos abiertos, aunque Adrián no pudiese dedicarle todo el tiempo que quisiera, su amiga estaba disponible más tiempo y esperaban por Adrián para poder disfrutar de tiempo juntos.
Ella tenía una amiga muy cercana a la que quería mucho y no quería dejar tirada cada vez que Pablo aparecía, así que, sin ninguna pretensión (en principio) empezó a quedar con ambos a la vez.
Pasado un tiempo notó que Pablo se ponía muy nervioso antes de que su amiga llegase a casa y entonces comenzó su papel de Celestina. No le costó mucho juntar a aquella pareja. Realmente estaban hechos el uno para el otro.
Adrián y su mujer no podían estar más felices pues sus personas favoritas (de ambos) se habían enamorado. Juntos todo sería genial…

Pero la felicidad dura poco cuando hay algo podrido en medio. Una 5ª persona en el juego empezó a ensuciar todo lo que ocurría entre las dos parejas. Pablo y su nueva novia no estaban gestionando muy bien sus inicios y esta quinta en discordia no perdía oportunidad para contárselo a Adrián y su mujer.
Nadie sabe muy bien qué pasó por la cabeza de aquella persona, pero en un momento en que habían surgido ya varios malentendidos y había cierta tensión entre los amigos, Adrián y su mujer recibieron una información terrible que les haría querer romper relación, a la vez que Pablo y su nueva novia recibían la información contraria, haciendo que no quisieran saber nada tampoco.

En un arrebato de enfado Pablo afirmó no haber soportado nunca a la mujer de Adrián y creer que ella era la culpable, no solo de esto, si no de muchas otras cosas que habían pasado en las últimas semanas.
Pasaron años sin saber nada los unos de los otros. Pero la mujer de Adrián vio la verdadera cara de aquella pobre muchacha desvalida a la que todo mundo creía siempre y decidió acercarse a la ya no tan nueva novia de Pablo para comprobar si todos esos años los había pasado sufriendo por algo que no había sido real.
Así fue. Ambas habían sido envenenadas poco a poco con mentiras y manipulaciones que las llevaron a enfrentarse hasta tal punto que ni siquiera llegaron a tener una conversación de cierre, por lo que ninguna sabía qué había llevado a la otra a no intentar arreglar las cosas. El silencio de la otra parte lo interpretaban como la confirmación de que todo era real… ¡Qué pena!

Esta historia os la conté hace tiempo desde el punto de vista de ellas, pero hoy os quiero hablar de ellos, pues ellos son los que peor han quedado ahora…
Tras arreglar las cosas entre ellas con mucho miedo y desconfianza, Adrián accedió a ver a su vieja amiga y comprobar que todo había sido un error. Su mujer le dijo que debía acercarse a Pablo, pues él era como ella: “de mecha corta”. Ella podía ver que Pablo, con el cabreo y la decepción había dicho cosas horribles de ella, pero después de a saber cuanta basura vertida por la otra persona, ella entendía que él se hubiera desahogado así.
Pero Pablo es muy orgulloso, rozando casi la arrogancia, y no daría su brazo a torcer de principio. Adrián opuso resistencia un tiempo, pero al ver a su mujer feliz por haber resuelto el conflicto que le había amargado la vida los últimos años, decidió dar el primer paso.

La respuesta de Pablo fue seca, cortante y contundente. “Me alegro de que ahora estés más tranquilo. Un saludo”.
La novia de Pablo insistía en que le llevaría un tiempo, pero ese tiempo seguía corriendo y Adrián estaba dispuesto a ofrecer su mano como fuese para rescatar esa amistad. Cada gesto por su parte era recibido con indiferencia… Hasta que decidió hablarle directamente, que oyese su voz, pedirle que viniera y hablar con franqueza. La crudeza de las palabras de Pablo hirieron mortalmente su amistad de nuevo. “Sinceramente, no me apetece verte”.

Adrián pasó varios días muy dolido y triste, pero fue consciente de que la humildad nunca fue el fuerte de Pablo. Que reconocer su error sería reconocer el suyo propio y quizá la posibilidad de tener que pedir perdón se le hace demasiado.
Pronto hará tres años de que sus mujeres hayan solucionado sus problemas. Pero hace unos meses ya que Adrián no espera ya nada de Pablo. Que no sea capaz siquiera de verse para zanjar las cosas, aunque luego no sigan siendo amigos, al menos curarse las heridas, le confirma que para Pablo es más importante su orgullo que cualquier persona.
Ellos hubiesen sido los padrinos de la niña de Adrián y su mujer si aquella persona no se hubiese metido en medio de su amistad.
Os prometo que este tema me sigue quitando el sueño de cuando en vez, porque la injusticia ha ganado y Adrián y su humildad han sido los perdedores.
Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.
Si tienes una historia interesante y quieres que Luna Purple te la ponga bonita, mándala a [email protected] o a [email protected]