Faltan pocos días para que termine el año y quiero aprovechar las energías de renovación que trae consigo este cambio de década para centrarme en el propósito de año nuevo más importante que me he planteado jamás: dejar de ponerme siempre en último lugar.

Quiero que 2020 sea el año que dedique a mi salud mental. El año donde explore esa mochila de piedras que todos llevamos cargada a la espalda y decida cuáles deben desaparecer para poder caminar más ligera (sí, chicas, hay piedras que ya no sirven para nada, pero decidimos conservarlas porque nos horroriza tener que enfrentarnos a nuestros miedos). El año donde aprenda a quererme incondicionalmente y a apreciar cada parte de mí en vez de boicotearme constantemente y obligarme a ser aquello que se espera de mí.

Quiero que 2020 sea también el año donde aprenda a decir que “no” más a menudo y no sentirme culpable cada vez que lo haga. Un año en el que darme cuenta a tiempo de que estoy abarcando más de lo que puedo y en el que pedir ayuda cuando no pueda más. Y es que una gran amiga me enseñó que no puedes cuidar a nadie si no te cuidas a ti primero, así que espero tratarme tan bien como intento hacerlo con el resto de personas de mi alrededor.

2020 será también el año donde me aleje de todo aquello que me resulte tóxico y me haga sentirme mal por ser quien soy, ya sean amigos, familiares o situaciones. Un año donde rediseñar mi lista de prioridades y dejar de poner a gente por encima de mí, como si solo los demás merecieran respeto y cuidados. Así, este año pretendo preguntarme a mí misma todas las veces que sea necesario qué es lo que quiero de este mundo para poder, así, centrarme en mí y esforzarme por conseguirlo. Pero también espero tener la paciencia necesaria para no obligarme hacerlo todo perfecto de buenas a primeras y también comprender que no pasa nada si hay días malos u objetivos que van cambiando conforme yo también lo hago.

Quiero que 2020 sea el año donde aprenda a defenderme y alzar mi voz. Potenciar la confianza que tengo en mí misma y darme cuenta de todo lo que tengo que ofrecerle al mundo y he ocultado por miedo al fracaso. Quiero dejar de dudar y creer en mí más de lo que nunca he sido capaz. Quiero desarrollar también mi consciencia para dejar de vivir en automático y experimentar todas las energías, sensaciones y emociones que esta vida tiene para ofrecernos. Así, escuchándome, podré cuidarme, mimarme, amarme. Y será, entonces, el año donde me permita descansar, donde me diga al fin “te lo mereces”, donde invierta en mí todo el amor que otros no han sabido valorar.

Esta lista de propósitos de 2020 no significa que deje de hacer todo aquello que me haga ser yo. Obviamente quiero seguir cuidando a los míos y agradecer diariamente todo acto de amor. Quiero estar ahí cuando más me necesiten. Pero también quiero coger todo ese amor e incluirme en uno de los receptores. Quiero asegurarme que mi nombre no aparece al final de mi lista de prioridades y recordarme a mí misma que no hay nada más bonito que una mujer que se ha perdonado a sí misma y ha prometido cuidarse por encima de todo.

Espero que mi lista de propósitos para 2020 os inspire a crear la vuestra y que el foco más importante esté en vuestra salud mental. Nunca olvidéis que sois maravillosas y que todas debemos aprender a no apartar la mirada de todo aquello que necesitamos ver para sanar. Espero que 2020 nos haga entender lo que realmente nos importa, el valor de los cuidados, la necesidad de aprender a relacionarnos desde el amor y la importancia de respetarnos por encima de todo.