Esto no es algo de lo que me sienta orgullosa, pero debo admitir que, a veces, cuando entre amigas nos contamos anécdotas sexuales, acabamos riéndonos de alguno de los tíos que nos hemos tirado. Ea, ¡no se puede ser perfecta!

No nos reímos de todos, sino de aquellos que, después de fardar de ser tremendos amantes, nos hicieron soltar una carcajada en lugar del gemido que habría sido pertinente.

Ya no tenemos este tipo de conversaciones casi nunca, porque la mayoría de mis amigas están casadas o ennoviadísimas desde hace años, y ya se sabe que cuando una relación es seria, no hay que meterse ahí porque puedes salir escaldada.

Por mi parte, estoy en modo celibato, así que tampoco tengo mucho que contar. Pero la vida me ha dado una sorpresa y me ha puesto en el otro lado de la historia: ahora soy yo la que tiene un pubis ideal para matar de la risa (o el asco) a cualquier tío que me follara.

pubis follar

Resulta que, desde hace unos días, una condición/enfermedad ha asaltado mi zona púbica. Enseguida os la cuento, pero antes dejadme deciros que mi coño nunca ha sido el culmen de la belleza (aunque me pregunto si hay alguno bonito).

Tengo los labios tipo “bata de cola”, lo que supone que sean grandísimos y casi parezcan los volantes de los trajes de la Pantoja cantando Marinero de luces. Los tíos que quieran acceder a mi “botoncito” deben retirarlos como quien retira una cortina para dejar entrar la luz del sol y, cuando me los chupan, los succionan tanto y se les mete tanta carne en la boca que les falta pedir cuchillo y tenedor.

A esto se une que siempre me he negado a depilarme por completo. De hecho, me parece bastante inquietante que muchos tíos se corran sólo al ver un coño sin un solo pelo, porque creo que es lo más parecido al coño de una niña pequeña y me hace sospechar que al tío al que le gusta eso tiene un pederasta dentro.

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Así que mi coño es natural (sí que me recorto de vez en cuando, claro), es el coño de una mujer y a quien no le guste que no se acerque. Pero lo que me ha salido ahora me ha hecho plantearme si el nuevo look de mi chirri, unido a las pocas ganas que tengo de follar, es la última gota del vaso y no volveré a catar varón nunca más en la vida.

Resulta que tengo una enfermedad de la piel que, en épocas de estrés o bajas defensas, me genera unos sarpullidos muy grandes, muy rojos y bastante protuberantes. La última vez fueron sólo por la espalda, y las veces anteriores fue por el abdomen. Pero ahora, quién sabe por qué, han invadido mi zona púbica.

Tengo la cadera y el pubis como la cara de un adolescente con acné. Aunque, menos mal, sin sebo.

A veces me pica, no puedo evitar rascarme y entonces me sale una especie de escamas o caspa que se me atasca en el vello. Un coño casposo, lo que faltaba.

Ahora ha empezado a extenderse también por la zona anal, pero, como no me la veo, no me importa tanto. Espero que no llegue ese momento en la vida en que estás tan desesperada por pillar cacho que aceptas que cualquier fulano te lama el culo. No, no creo que pase.

La moraleja de todo esto es que evitemos reírnos de nadie por algo que esa persona no puede controlar, porque quizá te acabe pasando a ti algo parecido. Ah, y también, que no nos estresemos tanto en la vida, porque podemos acabar con un coño con acné.