Estoy viviendo en casa una situación delicada. Algunos de los episodios los he contado aquí, pero la comunidad Weloversize me ha llegado a afear hasta que me refiera a la otra parte como «la madre de mi sobrino», y no como mi cuñada, cuando mi hermano y ella no están juntos.
Le veo utilidad a esta especie de “empatía preventiva” y a la defensa de las actitudes y decisiones de las mujeres cuando de lo que se habla es de roles de género. Es una contraprestación razonable ante un hecho: no hay vez en la que no se dude socialmente de la denuncia pública de una mujer. No hay más que ver los comentarios en redes a cualquier noticia de acoso o abuso, pero ahora el cuestionamiento está cambiando de bando.
Crecí escuchando a mujeres criticar a otras mujeres con mucha más vehemencia con la que juzgaban a los hombres. Por eso me parece un hito del feminismo cuestionar los testimonios que dejan mal a otras mujeres en sus papeles de madres o esposas. Estamos desmontando los roles. Y entiendo que se le dé crédito de inicio a una denuncia machista porque, sea verdad o no, es verosímil por la cultura patriarcal y es un modo de reajustar la posición de desventaja histórica de las mujeres. Sin embargo, nada de eso contradice el hecho de que mi excuñada es una mala persona.

No me voy a poner aquí a explicar las razones, ni a validar mi teoría con argumentos tan manidos como que no soy la única que lo dice (aunque hasta profesionales de la salud mental lo digan). Tampoco voy a exculpar a mi hermano de nada ni a erigirlo como la víctima de las ardides de una mala mujer. Él no lo hace bien y ella tampoco. Punto.
Esto tampoco es feminismo
Me he acordado de todo esto al hilo de un reciente debate que han suscitado unas declaraciones de la tiktoker RoRo. Viene de unas palabras que le dedicó a otra personalidad de las redes, que será su oponente en un combate de boxeo en la famosa velada de Ibai.
—Yo nunca voy a decir nada malo de ella, ni de nadie. Yo soy feminista y no voy a hundir a otra mujer, mucho menos insultarla.
No creo que haga falta decir algo tan evidente como que las mujeres no están exentas de críticas por ser mujeres. Es una obviedad que hay mujeres de mierda porque, simplemente, hay personas de mierda: delincuentes, narcisistas, manipuladoras, que apoyan discursos que generan opresión y un larguísimo etcétera.
Pero, además de eso, también hay mujeres que son esposas de mierda y madres de mierda que no merecen ser exculpadas por pertenecer al género oprimido. De hecho, evitar criticarlas es todo lo contrario a feminismo y sororidad, porque ahonda en un estereotipo de género: las mujeres como personas piadosas al niveles de las deidades, tan generosas y sensibles que no merecen crítica.

El machismo es censurable y evitable, pero defender a una mujer por el hecho de serlo no ayuda. No se busca un respeto infinito ni irrebatible hacia las mujeres solo por su género, como si fuéramos seres de luz. Es infantil pensar que dejar de criticar a un sector poblacional oprimido va a borrar la opresión por arte de magia.
No solo podemos ser malas personas, sino que tenemos «derecho» a serlo y a que se nos critique solo por ser malas, y no por el hecho tan aparentemente nocivo como ser mala persona siendo mujer. Qué sacrilegio desperdiciar los «dones» del género siendo como la bruja del cuento, en lugar de ser la cuidadora o la desvalida, ¿no?
Voy a seguir escribiendo mis movidas y leyendo vuestros comentarios. Entiendo que los textos no son como una hostia que os tengáis que tomar sí o sí, sin replicar. Exponer algo implica aceptar las posibles respuestas, sean cuales sean. Pese a ello, no todas las historias tienen dos versiones, ni todas las críticas a las mujeres en sus roles de madres y parejas son injustas.