Cuento frecuentemente situaciones de mi vida y de las personas de mi entorno en este portal, incluidas mis amigas. Lo hago porque me gusta escribir y porque entiendo que lo que nos pasa a nosotras es lo que le puede pasar a otra mucha gente. Al ver cómo se analiza y se comenta desde fuera, se obtienen puntos de vista interesantes.
Al escribir, casi siempre empleo un tono beligerante, no puedo negarlo. Hace tiempo que dejé atrás lo de escribir de forma medrosa y trincona solo por evitar las reacciones negativas e intentar gustarle a todo el mundo. Así que es frecuente que los textos sobre las personas de mi entorno generen comentarios del tipo: «Para tener amigas como tú, quién quiere enemigas». De hecho, creo que ese es uno de los mensajes más repetidos en el foro y en los perfiles en redes.
Sin ir más lejos, una miembro de esta comunidad hacía hace unos días un alegato sobre la amistad. Se lamentaba de la baja calidad de este tipo de relaciones en la actualidad, en contraposición a cómo las percibe y las vive ella, que considera a sus amigas como sus hermanas. Eso me ha hecho pensar en la connotación que cada cual da al concepto de amistad.

Recordatorio: se pueden tener distintas percepciones de las relaciones
Amistad es el afecto personal y desinteresado que se tiene con alguien, en una definición aséptica. Sin más. No está prefijado en ningún sitio el grado de amor que le debas tener a alguien, ni ninguna otra norma sobre cómo debes relacionarte con esa persona. Por lo tanto, todo lo demás forma parte de TU propia visión subjetiva.
Conceptos asociados como la lealtad, la complicidad o la honestidad los pone cada cual en el grado que quiera. Por lo tanto, no hay un concepto de amistad mejor que otro, dentro de que sean relaciones afectuosas y desinteresadas.
En mi caso, tengo amigas en varias categorías, por emplear un término esclarecedor:
- Círculo íntimo: amigas con las que me une una relación larga, complicidad y valores comunes. Cuido el trato e intento mantener un contacto continuo y de calidad.
- Círculo no primario: amigas a las que veo cinco o seis veces al año y con las que tengo un contacto general, no privado (por ejemplo, en grupos de WhatsApp en los que hay más gente). Contacto con ellas directamente si hay algún hito en su vida que lo requiera, bueno o malo.
- Tercer anillo: amigas desde la infancia o adolescencia con las que comparto recuerdos, pero no valores, gustos o aficiones. Las veo un par de veces al año y sé sobre sus vidas a través de grupos y redes sociales.
Puedo ir a tomar café con personas de cualquiera de las categorías, interesarme por sus vidas, hacerles un favor si hay algo que está en mi mano, etc. Pero no puedo hacerme presente de manera continua en sus vidas por una cuestión de lógica básica: el tiempo que tengo es limitado y no poseo el don de la ubicuidad. Esto se entiende.

En cuanto a lo de despellejar a una amiga que hace algo que no me gusta, que es lo que se me afea continuamente, pasan varias cosas: que me gusta escribir sobre personas y relaciones y que este es un lugar en el que la gente comparte sus testimonios personales. Así de simple.
Muchas llamarían «conocidas» a las amigas del tercer anillo. Otras no establecerían tantas categorías, o considerarían aberrante dividir así a la gente. Bien, nada que objetar. Este artículo es para defender que cada cual viva las relaciones de amistad como le dé la gana sin hacerle daño a nadie.
En definitiva, las integristas de la amistad pueden seguir reaccionando, ni más faltaba. Las demás tenemos que seguir rajando cuanto nos dé la gana sin que nos afecten lo más mínimo sus lecciones moralistas.