¿Qué coño es ser una “mujer de alto valor”?
Haz la prueba, pregúntale a gente de tu alrededor qué es ser una mujer de alto valor, apúntalo y sepáralo por géneros y edad, si puedes y te apetece.
Cuando tengas varias opiniones, ve a internet y busca la frase…
No, mejor no la busques, porque igual te convierten.
Estoy escribiendo esto en enero de 2026, aviso, porque igual hay alguien que piensa que este artículo es de cuando empezó la civilización.
Hay modas que corren como la pólvora, como bailar el Aserejé, el reto de tirarse agua encima y nominar a amigxs en Facebook o los famosos bailecitos de TikTok.
Estés más o menos a favor de perder el tiempo en tonterías, esto es una chiquillada comparado con la moda de pasarela casposa que os voy a contar.
La frase se volvió viral en el entorno digital dentro de los últimos 3–4 años (desde 2022 en adelante), especialmente en TikTok e Instagram, y su popularización se aceleró durante 2023 y 2024, manteniéndose fuerte incluso en 2025.
La frase “mujer de valor” no nació para empoderarnos.
Nació para medirnos.
Para ponernos precio, etiqueta y fecha de caducidad, como si fuéramos un producto premium del patriarcado con envoltorio nuevo y discurso reciclado.
Porque el machismo es muy listo, cuando ve que ya no cuela llamarnos sumisas, obedientes o “como Dios manda”, cambia el vocabulario.
Quiero aclarar, antes de seguir, que cuando hablo de machismo hablo de un sistema podrido y anticuado, donde el hombre tiene unos privilegios que la mujer no tiene, como, por ejemplo, llegar a casa sin ser violada o simplemente viva, una noche cualquiera, al caminar sola por la calle.
Esto no va en contra de los hombres, que quede claro, pero todos los que lo ejercen son hombres, hijos predilectos del patriarcado.
Ahora nos llaman mujeres de valor.
Pero siguen decidiendo quién vale y quién no.
¿Y quién suele usarla con más insistencia?
Hombres que quieren una mujer que no moleste pero que sonría,
mujeres adoctrinadas que creen que el control es amor, coachs de pacotilla que convierten la misoginia y su inseguridad en reels motivacionales. Te dicen que una mujer de valor:
— no pide demasiado
— no se queja
— no se enfada
— no ocupa
— no exige
— no incomoda
Y un dato importante: que no haya follado con muchos hombres, si es con ninguno muchísimo mejor, así se llevará el primer premio a la mujer de valor de Pepito de los Palotes.
Pero curiosamente sí cuida, sí calla, sí aguanta y sí se adapta.
Y ahí está la trampa.
Porque el patriarcado no ha desaparecido,
se ha hecho influencer,
se ha puesto un filtro bonito
y habla de autoestima mientras te encoge el cuerpo y la voz.
La viralización no es casual.
Se viraliza porque a nosotras se nos ha educado para dudar de nuestro valor y cuando alguien te promete que puedes “ser suficiente” si cumples ciertas normas, muchas mujeres o chicas muerden el anzuelo.
El problema no es querer cuidarse, que eso estaría muy bien. El problema es que te vendan el autocuidado como obediencia estética, sexual y emocional.
Que te llamen “de alto valor” solo si encajas en su corsé de castidad de temporada. Que tu valor dependa de cómo te comportas, de si cierras las piernas, de que no lleves escote, ni falda corta, de que no vayas a la discoteca a bailar con tus amigas… en fin, no de que existas.
Yo no quiero ser una mujer de valor.
Quiero ser una mujer libre,
a ratos rota,
a ratos cansada,
a ratos brillante,
y a ratos insoportable.
Porque si el valor hay que demostrarlo, entonces no es valor, es control con perfume nuevo y olor a rancio.
Raquel Romarís