Querido diario

Que los únicos bordes que te comas sean los de la pizza

 

En la vida me han deseado muchísimas cosas buenas, soy una afortunada, lo sé. Pero debo destacar que uno de los mejores augurios que me han dedicado últimamente ha sido el de mi amiga Rocío.

Hace tan solo unos días se acercó a mi mesa en el trabajo y me tendió un paquetito perfectamente envuelto el cual acompañó con una sonrisa traviesa. Ni me la esperaba a ella en medio de toda la locura que es mi oficina ni entendía muy bien a qué venía todo aquello. Cuando pude colgué la llamada que estaba atendiendo en aquel momento y la abracé maldiciéndola con cariño por el susto que me acababa de dar.

Ábrelo, ábrelo…‘ me pidió susurrando pero tremendamente emocionada.

Yo rasgué aquel precioso papel de regalo y dejé a la vista una enorme taza que versaba de esta manera:

Que los únicos bordes que te comas sean los de la pizza (Mr Wonderful).

Para poneros en situación, yo soy muy poco (o nada) del amigo Wonderful. Me parece todo tan ñoño y pasteloso que siempre que alguien cita una de sus premisas, sin necesidad de señalar la fuente, ya sé que semejante pasteleo tiene que venir de ahí. Pero, ¡oye! ¡qué aquello era otro rollo!

Rocío había empezado a reír y mientras nos dirigíamos a la cafetería comenzó a explicarme el por qué de su inesperado regalo. Sin lugar a dudas, su deseo en forma de taza había dado completamente en el clavo.

Diez años currando en una plataforma de soporte informático, tres hermanas que llevaban demasiado tiempo haciéndome la vida imposible por motivos familiares y cuatro ex-novios que habían decidido poner fin a nuestra relación engañándome con otras, demostraban que en toda mi existencia lidiar con bordes y desagradables era lo mío.

Quizás era obvio que en los últimos meses parecía haber tocado fondo ya que mis ganas de disfrutar de mí misma no eran como antaño ni por asomo. Sí, estaba un pelín harta de ser el punching ball personal de tanta gente, ya fueran desconocidos o personas cercanas. Habían terminado conmigo, con mi paciencia y con mi energía.

Llegar al fondo solo nos puede servir para tomar el impulso y regresar a la superficie…‘ continuó Rocío con ese halo de positividad que siempre la cubría.

¿Esa también es una frase Mr Wonderful?‘ pregunté riendo intentando que la conversación tomase otro camino.

No, esa es mía pero también te la regalo. Eres una mujer joven y con mucho por hacer, nadie debería tener el derecho de pisotearte y borrar tus ganas de ser feliz.

Rocío había comenzado y era como una metralleta del ‘arriba los corazones’ más intenso. Yo pretendía quitarle hierro al asunto a través de coletillas que cada vez ponían más nerviosa a mi fiel amiga, pero sabía de sobra que ella tenía toda la razón.

Soportar clientes indignados con una marca que vomitaban toda su ira sobre ti, o ir a una comida familiar para que alguna de mis hermanas me reprochase pullas del pasado, no es lo que se puede decir plato de buen gusto para cada día. Y si a esto le sumas mi tremenda suerte en el amor y en el sexo… Sí, lo mágico es que una buena úlcera de estómago no estuviera surgiendo en mi interior.

¿Y cómo hacer frente a todo lo negativo si ya forma parte de mi rutina?‘ pregunté ahora seria y realmente interesada en la respuesta de Rocío.

Haciéndote impermeable, amiga. Dejando que cualquier mierda procedente de alguien que no te interesa te resbale hasta los pies.‘ Respondió Rocío terminando su comentario con un guiño de ojo muy sutil.

La teoría era sencilla y quizás un poco obvia, ¡pero tan real! ¿Acaso me importa que usted, cliente insatisfecho al cual ni siquiera estoy mirando a la cara, me hable como si yo misma hubiese roto su ordenador? ¿Qué más me dará a mí que tú, hermana rencorosa, todavía pienses que yo soy la culpable de todos tus males por más que hemos hablado una y otra vez? ¿Ya no me quieres y decides irte con otra tía a mis espaldas? No mereces ni una mísera pizca de mi tristeza, lárgate y llévate todas tus cosas contigo.

Aquella taza decía mucho más de lo que en un principio habría imaginado. Era una declaración de intenciones que me haría volver a ser feliz. Y los bordes de la pizza, la verdad, son la mejor parte.

Fotografía de portada

 

Redacción WLS

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