Si señoras, quedé para que me dieran y… ¡Sorpresa! acabé dando yo.

Más testimonios HOT en whatsapp, pincha aquí, es gratis y totalmente privado

Cuando os digo que quedé con este chico de Tinder “para que me diera”, voy en serio.

Soy clara, nada de eso de  “A ver qué pasa”. No. Yo quería acción directa. De la buena. De la dura. De la cochina. 

Nos habíamos escrito durante un par de días y la conversación tenía chispa. Nada cursi, pero sí tentadora y un día me dijo “¿Quedamos mañana para tomar algo?” y yo pensé: Si mami, por fin recibo cual titi en temita de Bad Bunny. ¡Ja! ¡Ni una postal recibí!

El tipo era alto, moreno, con una mirada que parecía escanearme las bragas. Y yo, claro, estaba ya haciendo palmas con el mochín: “Este me va a dar candela candelaria» Pero mira oye…la realidad siempre tiene su dosis de comedia.

Desde que entré en su piso y vi que su sofá era más viejo que mi primer Nokia, supe que íbamos a vivir algo digno de follodrama.

La primera toma de contacto fue bien: empezar a enrollarnos con besos lentos y meternos un poco de mano pero así, en modo cuidadoso. Todo bien, nada fuera de lo esperado.

Él empieza a girarse, a ponerme las manos en su paquete mientras me frota el culo en mi pantalón. Y que quieres que te diga, yo me sentí un poco macho. Eso de besar el cuello desde atrás y arrimar cebolleta sin cebolleta que arrimar, pues bueno… no lo acababa de ver.

Intenté ignorarlo. Intenté seguir concentrada en mi objetivo y fui a lo mío, a lo que había venido, a agarrar mandruco y a que me dieran.

Pero lo más loco fue su reacción. Que me siguió la corriente a tope pero cuando fue a penetrarme, se puso un arnés. Puntualizo, se puso un arnés encima de su polla, este era un señor con rabo erecto poniéndose un pito de goma para penetrarme. ¿Whot?

Claro, imagínate mi cara. Pues esa cara que tienes en mente no es NADA comparada con la cara que se me puso a continuación.

Porque el cachondo de él, se pone el arnés, se coloca a 4 patas y me lanza desde delante otro arnés para mí.

No te voy a engañar, miré alrededor a ver si era una broma de mis amigas, o si había alguna cámara.

Y mira, no sé porque reaccioné de una forma tan natural, quizás porque con él me sentía cómoda y llevaba mucho tiempo con una mentalidad sexual mucho mas abierta.

Pero lo que de primeras me dejó helada, empezó a motivarme y a excitarme. ¿Qué hice? Me amarré los machos y comencé a cabalgar a aquel potro cual amazona empoderada.

¿Quedé para que me dieran? Si ¿Acabé dando yo? También.

Cuando la noche terminó, acabamos riéndonos los dos de mi reacción y de lo mucho que me había sorprendido aquello. Por una vez viví algo diferente, fuera de lo planificado y aunque él tomó la iniciativa, me sentí poderosa y disfruté muchísimo.

Por unas horas nos convertimos en puro instinto, sudor y humor. Nada de pensar, nada de prejuicios, sólo él y yo.

Podría haber sido un desastre monumental. Podría haber sido historia de horror sexual. Pero fue otra cosa: una anécdota graciosa, directa y sorprendentemente sexy.