Me encanta Weloversize, me encantan sus propósitos. Lo describiría como un sitio en el que me he sentido acogida, comprendida y arropada por personas que, sin saberlo y con tan solo compartir algo de sus vidas, me han hecho pensar que lo que siento con respecto a mí misma es real y que puedo mejorarlo.

En este caso soy yo la que quiere aportar algo de sí misma para ayudar a alguien más de la misma forma en que otras tantas escritoras me han ayudado. Porque al final lo más importante es encontrar a personas que comprendan tu problema, que sepan lo que sientes de tal forma que te puedes sentir reflejada en esa persona para aprender cómo salir de ese problema que otra tanta gente es incapaz de entender de la forma en que tú quieres.

Me llamo Ana y tengo 20 años, dentro de algunos meses 21 y tengo acné. Sí, se suponía que con la pubertad esto se acababa pero parece ser que en cada persona la pubertad termina a una edad. Cuando tenía 14 años o tal vez menos, no me acuerdo porque para mí ha sido una eternidad, mi piel se volvió grasa y se me cubrió la frente y la nariz de granos hasta tal punto de que la única forma en que yo me sentía segura era llevando un frondoso flequillo que sólo hacía que empeorar mi situación. Hace casi dos años decidí hacerme un peeling químico porque no conseguía lidiar con este problema y con lo que producía en mi vida puesto que muchas veces era incapaz de salir de mi casa, me ponía a llorar desconsoladamente y no había quien me sacara de ahí. El peeling fue bien pero hace menos de un año me han empezado a salir más granos por las mejillas y la zona que rodea la boca, sitio donde jamás antes me habían salido puesto que esa parte de mi piel no es grasa, sino seca por lo que tengo muchos problemas para lidiar con ello porque los productos que acaban con el acné resecan la zona y claro, al ser una zona seca, a mí se me pela la piel y lo que es mejor, el problema persiste.

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Malditos granos, dejadme en paz

A pesar de todo esto no puedo decir que me siento blanco de críticas o que se meten con mi aspecto porque lejos de hacer eso, la gente me halaga por mi físico y por mi persona pero YO MISMA no puedo evitar verme “poca cosa”. Es difícil de explicar para quien no lo siente porque al final es un comportamiento que desarrollas y aunque haya días en que te veas espléndida, hay muchos otros que no eres capaz de salir de ahí. Puedo decir que incluso me he vuelto adicta al ejercicio físico y que sigo una dieta muy estricta, tanto que a veces llego a sentirme mal por darme algún capricho o saltarme un día de ejercicio.

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Es cierto que aún me queda mucho por aprender pero también es verdad que día a día aprendo de mi misma y me hago más valiente. Intento cuidarme y respetar mi cuerpo en vez de maltratarlo porque así es como mejor responde, tengo buenos hábitos porque me hace feliz esa forma de vida pero cada vez que tengo un mal pensamiento hago lo que sea por anularlo, rechazarlo, aunque momentáneamente sienta que me estoy traicionando a mí misma. Creo que es fundamental escuchar a la gente que nos rodea, a la buena me refiero, a la que sabe valorar lo que somos y lo que tenemos por dentro, a los que ven una estrella brillando en nosotros, esas personas que quieren vernos felices. Hay que aceptar más a menudo sus cumplidos y creer que no nos mienten. Hay que rechazar de igual modo, los malos comentarios y las personas que no nos aportan cosas buenas. Hay que comprender que independientemente de cómo seamos físicamente, hemos nacido así y nadie nos puede quitar nuestro derecho de ser felices, por lo tanto no seamos tontas de dejarlo escapar. Porque cada una de nosotras somos especiales y en el fondo lo sabemos.

Vivimos en un mundo que nos obsesiona con el físico y no nos deja pensar en lo verdaderamente importante, que no es otra cosa que nuestra capacidad de hacer cosas geniales y nuestro merecido derecho a ser las personas más felices del mundo.

Autor: Ana