Querido diario

Sobre madurar y las últimas primeras veces

¿Caerá la breva?

Hay quien madura temprano, a golpe de tempestad. Cae violentamente de la rama del árbol que hasta entonces lo mecía al dulce compás del viento, para chocar contra el frío y duro suelo.

Hay quien madura poco a poco, sin prisa. Se toma su tiempo, disfruta absorbiendo el calor de la luz solar en las suaves tardes de otoño; sin dejar de afrontar con ahínco las impredecibles tormentas de verano como un mal trago por el que hay que pasar.

Hay quien parece que no va a madurar nunca. Sencillamente, no quiere cambiar, no cree en la evolución. Las estaciones, el tiempo, el suelo y el sol giran en torno a ellos mismos. Sus deseos y su ego ciegan la luz que señala un camino por descubrir.

 

¿Con qué descripción te identificas? ¿Tu mundo se desvanece dos pasos más allá de tus propios sueños? ¿Crees que no te queda nada nuevo por descubrir? Si éste es tu caso, me alegra ser quien tenga el honor de darte la maravillosa noticia… ¡Te equivocas! Y mucho. Sonríe, porque puede que sea la única vez en tu vida que un error venga con premio. Enhorabuena.

 

Si te identificas con la última descripción significa que tu aventura acaba de empezar. Al final, antes o después, todos caemos de la rama y no hay forma de evitarlo. Puede que sientas vértigo, puede que un hormigueo te recorra todo el cuerpo cuando pienses en cómo será la caída, que te preocupe no saber cuál será el tacto de ese suelo que vas a pisar, pero ¿sabes qué? Esas emociones no van a evitar lo inevitable, así que aquí van algunos consejos para hacer el proceso un poco más llevadero:

  • Acéptalo: abre los ojos, respira hondo, bebe un sorbo, acaricia tu piel, presta atención al silencio de tu habitación. La vida pasa.
  • Disfruta de la caída libre: permítete gozar la experiencia porque nunca se va a repetir y cada emoción se imprimirá en tu piel como un tatuaje que narra tu historia. Nunca vas a volver a llorar como cuando terminó tu relación con tu primer amor de tu vida. Nunca vas a volver a emocionarte por firmar tu primer contrato. Nunca vas a volver a sentir ese nudo en la garganta porque te marchas definitivamente de casa de tus padres. Todos estos cambios dibujan un mapa mental que te permitirá descubrir nuevos horizontes.
  • Nuevos horizontes: tú y sólo tú eres capaz de matizar estos límites. Tú y sólo tú decides hasta dónde. Que nadie te diga que puedes y que no puedes haces. Tú decides si sí o si no y tú decides cómo sigue tu historia. Si hace sol o si llueve.
  • Comparte: quien escribe estas líneas no es una pasa al final del trayecto, todo lo contrario: es alguien que, como tú, acaba de emprender el vuelo y ha descubierto que cuando compartes, experiencias, comida, juegos… Amplías tus vistas en todos los sentidos.

 

¡Buen viaje!

 

Marina

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