Esta historia es muy reciente, recientísima. En su momento me planteé escribir en el foro para desahogarme cuando aún no sabía qué hacer, pero después las cosas se precipitaron y acabaron en denuncia. Os cuento. 

Tuvimos problemas con el nombre de mi hijo desde que supimos que era un niño. En la familia de mi marido está esa ridícula tradición de que los primogénitos tienen que tener todos el mismo nombre y aunque yo me negué desde el principio, la familia dio mucho por culo. Mi marido insistió mucho en que le hacía mucha ilusión, que las tradiciones se estaban perdiendo e incluso me ofreció ponerle mi apellido el primero si cedía con lo del nombre. Fue agotador. 

Yo ya tenía un nombre pensado, un nombre que a mi marido también le gustaba y con el que yo identificaba a mi hijo. Evitamos el tema de tener que ponerle el nombre familiar hasta que estuvimos en el último mes del embarazo y ahí empezaron las peleas. 

Tanto él como su familia me apretó mucho, me hicieron sentir egoísta y al final, ya solo por dejar de oírlos, acepté. 

Fue difícil renunciar al nombre con el que yo lo sentía, con el que le había hablado tantas noches y con el que me imaginaba su habitación, pero ya sabéis que cuando estás en la recta final, solo quieres que todo termine y que el peque venga sano. Así que hice de tripas corazón y me repetí a mi misma que no era para tanto. 

Cuando mi hijo nació, le pusimos el nombre familiar de mi marido, también su apellido, porque sinceramente me daba igual, me dolió más el nombre. La familia estaba feliz, mi marido también, pero yo no. 

Cuando nos fuimos a casa, empecé a ver que algo no iba bien. No me salía llamar al bebé por su nombre, me refería a él como “bebé”, “cosita” y más nombres cariñosos, pero no por su nombre. En alguna ocasión incluso me confundí y le llamé con el nombre que yo tenía pensado. Si mi marido o alguien más le llamaba por su nombre oficial, sentía mucho rechazo. Lo achaqué a las hormonas y quise esperar, pero pasadas tres semanas la situación no cambió y me tuve que sentar a hablar con mi marido. 

A la que quise empezarlo a explicar, me puse a llorar. Le intenté hacer ver que no identificaba al bebé con ese nombre, que me lo habían impuesto y a él también. Que no me salía llamarle por ese nombre y que necesitaba que hiciéramos algo.

Después de hablarlo mucho, mi marido me entendió y me apoyó, dijo que con su familia sería un problema pero que ya lo gestionaríamos. Así que fuimos al registro civil para que nos informaran de qué podíamos hacer. Aquí mi hijo tenía tres semanas y ningún tipo de documentación más allá del libro de familia.

En el registro civil nos atendió un imbécil con todas las letras. Uno de estos que no tiene ganas de trabajar y te manda a paseo a la que puede. Nos hizo sentir muy juzgados y nos trató como si fuéramos tontos. Nos dijo que el nombre es un derecho del niño y no un capricho que podamos ir cambiando, que hasta que el niño no fuera mayor de edad, era imposible cambiar o rectificar nada y que, aun así, era complicado. 

Le explicamos la situación e intentamos un poco de comprensión, pero no nos dio ninguna explicación, solo que era imposible y ya. Nos mandó para casa. 

Se me vino el mundo encima y me pasé un par de días muy triste y llorando, viendo que por no haberme impuesto lo suficiente, ahora iba a tener que esperar a la mayoría de edad de mi hijo para poder hacer el cambio, y eso si él quería, porque después de 18 años llamándote igual, ves a saber si querría cambiarlo. 

Me documenté y vi casos de menores a los que se les había cambiado el nombre. Es más, encontré la ley que lo contemplaba y decía que se podía hacer perfectamente, solo que, en el caso de niños tan pequeños, era más fácil si se hacía antes de los 5 años, ya que a partir de aquí empiezan a tener otro tipo de documentos (colegio, comedor…) y se debía demostrar el uso habitual del nombre al que se quería cambiar, con al menos dos años de antigüedad. 

Me indigné muchísimo y al día siguiente consultamos a un abogado que nos arrojó mucha luz y nos orientó en como debíamos hacerlo. Nos entendió perfectamente y nos dijo que, aunque ahora fuera una montaña, el día de mañana sería una anécdota. Nos dijo que empezásemos ya a tratarle con el nombre nuevo, que de cara a la familia se les dijera que el nombre ahora era ese y que se le debía llamar así. Al ser tan pequeño, solo teníamos que informar a algunas personas, para las demás, ya lo conocerían con el nombre nuevo. Nos animó a que nos pusiéramos recopilar pruebas, como fotos dónde apareciera su nuevo nombre, documentos como el registro de la guardería, carnets de asociaciones etc. 

Y cuando ya estuve más tranquila, le pregunté por el del registro civil. Me dijo que me habían informado muy mal y que, por tanto, me estaban vulnerando mi derecho y no me habían asesorado correctamente. Tratándose de una entidad pública, era grave, pero como no teníamos pruebas, me recomendó que volviera, intentase hablar con la misma persona y, cuando me dijera que era imposible, le pidiera que me lo pusiera por escrito. De esa manera ya tendríamos algo a lo que aferrarnos si yo decidía denunciar. 

Volví al día siguiente al registro, tuve que esperar, pero finalmente me atendió el mismo. Solo verme llegar, ya me puso mala cara. Le expliqué que había leído por internet casos donde habían aceptado el cambió de nombre y ni si quiera me dejó acabar. Me volvió a repetir que eso no funcionaba así y que podía volver las veces que quisiera, que la respuesta seguiría siendo la misma. Le pedí que me lo pusiera por escrito y ahí vaciló. Me preguntó por qué lo necesitaba y le dije que, si tan rotundo era, quería saber que había hecho todo lo posible. Que estaba en mi derecho de pedir toda la documentación, porque además no había explicación más allá del “no se puede” y no me iba tranquila.

Al principio le costó, pero como me vio cabezona, me hizo una especie de justificante resumiendo el por qué venía yo y la respuesta que se me había dado desde el registro. Me lo selló y me mandó a tomar viento elegantemente. 

Gracias a ese papel, nuestro abogado ha empezado los tramites para denunciarles. No tenemos claro si irá en contra del funcionario o del registro en sí, no ha llevado muchos casos así y está tanteando el terreno. Pero vamos, que sigue adelante. 

Por desgracia en las administraciones públicas esto nos lo encontramos mucho. Si os pasa algo así, pedid todo lo que podáis por escrito o poned reclamaciones. Las cosas tienen que empezar a cambiar. 

 Anónimo

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