Estoy en un momento vital en el que me replanteo continuamente las relaciones con personas de mi entorno. Antes las percibía como algo inamovible e inalterable. Tu círculo de toda la vida es tu principal red de apoyo, y son personas a las que no fallar nunca.

A fuerza de ver cómo las personas cambian a medida que cambian sus proyectos de vida, y de someterme a situaciones que me generan incomodidad, he aprendido a poner límites necesarios. No ha sido fácil cuestionar cosas que antes me parecían inalterables, pero ahora estoy temiendo que, quizás, malinterpretamos algunos conceptos de la psicología.

Una de las máximas de la actualidad es quedarse solo con lo que suma y “soltar lastre”. Es una enseñanza necesaria para la generación Millennial y anteriores, que han crecido pensando que con la familia y los amigos de siempre la clave está en soportar. Pero esas nuevas enseñanzas, llevadas al extremo, son cuestionables.

Lo veo mucho en este mismo foro. A nada que llega alguien contando un gesto feo que le ha hecho alguien de su círculo, activamos todas esas “nuevas enseñanzas”. ¿Que llega una chica diciendo que su amiga le dijo algo que la hizo sentir mal? “Aléjate de ella”, “Esa no es tu amiga”. ¿Que llega una mujer diciendo que sus amigas de la infancia le han preparado una despedida de soltera de mierda? Lo mismo.

Tal vez el foro no sea el mejor ejemplo porque opinamos sin conocer ni a la persona ni su contexto, pero sí se aplica una lógica que observo a mi alrededor: animar a otros/as a desprenderse de esas personas que “restan”.

chicas malas

Malas interpretaciones

Yo misma, como iba diciendo, reconozco que he aplicado mal conceptos de la terapia. Se me ha explicado por activa y por pasiva la importancia de poner límites para evitar dinámicas tóxicas, pero yo soy pasional y me llevo las cosas al extremo con frecuencia: me pongo a podar y quedo sin seto.

En los últimos meses, me he alejado de alguna que otra amiga de toda la vida con las que ya no comparto ni valores, ni intereses ni estilo de vida. Me invitaban a sus quedadas y no iba. Cuando coincidíamos en algún lugar, las ignoraba para hablar con personas de mi “interés”. Las he ido alejando de mi vida poco a poco, pensando que solo estaba haciendo una poda necesaria.

No he sido consciente de la sensación que podía estar generando hasta que no he estado en el otro lado. Yo llevo un tiempo viviendo en otra ciudad y, hasta ahora, no he empezado a hacer potenciales “amigas”. No las puedo considerar como tal aún, solo gente con la que salir, pero pensé que podían convertirse en una red más o menos sólida aquí.

¿Qué ha pasado? Que yo no formo parte de su círculo ni me piensan tratar como tal. Ellas son amigas de siempre, tienen sus dinámicas, encajan en las vidas de las otras y no quieren hacer más esfuerzos por integrar a alguien más, por maja e interesante que pueda parecer. Para coincidir un par de viernes al mes en el bar de moda, bien. Para más, no, gracias.

Ellas saben que yo aquí no tengo a nadie y me gustaría ampliar mi círculo, pero hacen sus planes sin acordarse de mí. Me tienen relegada a un espacio muy concreto y de ahí no me piensan ascender.

No soy su “vitamina”

Está de moda buscar a esas personas que sean tu “vitamina”, según el famoso concepto de una autora que, por cierto, está cada vez más cancelada. Si nos aporta bienestar emocional, calma, seguridad y nos ayuda a segregar oxitocina, sí. Si no, next.

Llevarse enseñanzas así al extremo hace que usemos a las personas. No sé si ha sido mi caso, pero puedo hacer autocrítica y plantearme si, últimamente, he estado definiendo mis relaciones por el interés emocional. ¿Estoy confundiendo cuidar la relación (lo que implica poner límites asertivos) con desechar todo lo que genere esfuerzo?

Tiene que haber un equilibrio entre pasar siempre por el aro, a costa de tu bienestar emocional, y borrarte de las relaciones a nada que estas te generan cierta incomodidad. Yo hago autocrítica y sigo buscando ese punto exacto.