Estoy muy cansada.

No, quizá lo más exacto sería decir que estoy harta. Hasta las mismísimas narices.

Nos encaminamos a esta época donde hay que andar de puntillas y recordar, en un 2025 que ya exhala sus últimos suspiros, la importancia de que cada uno meta las narices en sus jodidos asuntos y no critique, opine ni ofrezca juicios de valor que NO se le han pedido.

Ir a las fiestas de Navidad con chándal, sudadera fea, deportivas y vestido de cuero, print animal o lo que sea que tengas en el armario o que te hayas comprado, bien porque no te apetezca hacer gasto extra para sentarse en el salón de casa de tu abuela o por todo lo contrario, que quieras llenar de purpurina el suelo del garito que hayas pagado NO es el problema de nadie, ni el asunto de nadie, ni nadie tendría ni tiene por qué decir una palabra.

 

Pero lo hacen. Y no solo con los adultos.

Soy pedagoga y educadora infantil, trabajo con mejores de todas las clases, con sintomatologías y circunstancias educativas de lo más variadas y ahora, que se aproxima Halloween, esa fiesta tan useña que hemos adoptado como propia, me encontraba buscando actividades, juegos y demás para hacer de estas últimas semanas de octubre algo más llamativo y entretenido para mi alumnado, REPITO, mayoritariamente dentro del espectro autista, con deficiencias motoras, síndrome de down, dificultades de aprendizaje o trastorno de conducta; cuando me topé con un meme que corrió por las redes como lo hace la mierda: rápido y apestándolo todo a su paso:

 

RECUERDEN PARA SUS DISFRACES: MIÉRCOLES NO PESA MÁS DE 50 KILOS.

 

Además de grosero, insultante y totalmente inútil, me pareció una cita peligrosa. Y dañina.  Para nadie es un secreto el éxito que el personaje de la serie de Netflix está teniendo entre los jóvenes. La moda Addams ha vuelto y se ha hecho con todo, y una que es gótica desde el día que se destetó, lo agradece. ¿A quién no le gusta ir de negro? ¡Es el color de la felicidad!

El problema viene cuando, inmediatamente después de ese ¿meme? ¿post? ¿mensaje? Leí el comentario de una madre que comentaba que en la clase de su hija, en primaria, las niñas iban a vestirse todas de este personaje, y que todas las madres iban a comprar el outfit en el mismo sitio, pero que para su hija no había tallas. Supongo que más que alguna habrá oído alguna vez esa expresión, esa cita, que parece tallada en piedra y se queda contigo, en el retuétano, anclada para siempre.

Comentaba que pensaba hacérselo a mano pero que su hija se había negado a ello ya que sus compañeras y “amigas” tendrían todas un disfraz de Wednesday oficial de X comercio, que serían todos iguales salvo el suyo, porque no había talla. Porque ella no podía comprarlo allí. Porque no era igual que el resto.

Estoy agotada de combatir esto. De dar clase a niñas y adolescentes no normativas por mil y una razones –empezando que los cuerpos son todos diferentes–, que no tienen las herramientas ni las armaduras, esas que nos van curtiendo a base de las mismas mierdas que parecen ni caducar, ni pasar de moda ni tener fin, y que si el mundo fuera lo que debe, habríamos dejado atrás como la peor de las plagas y la más inútil y mortífera de las enfermedades.

¿Cuánto/as niñas/os tienen que perder la vida, la felicidad, el entusiasmo, la sonrisa y la seguridad en ellos mismos para que estos estereotipos dañinos dejen de existir?

¿Cómo puede atreverse alguien, en los tiempos que corren, con las noticias que oímos a diario a publicar algo como que recuerden que Miércoles no pesa más de 50 kilos? ¿Por qué introducir en mentes infantiles conceptos que no están preparadas ni tienen por qué asimilar y/o pensar? ¿Por qué crear traumas, barreras, complejos?

¿Acaso una menor o adolescente de mas o menos de 50 kilos no puede disfrazarse de lo que guste? ¿Por qué debemos entrar en comparativas, crear un meme gracioso de cara a algo que quizá, haga ilusión a una persona independientemente de su corporalidad?

Y no hablo solo de niños.

Y no hablo solo de Halloween.

En Navidad hay gente que no puede o no quiere comprar ropa nueva, que no quiere o no puede ponerse un modelo nuevo y espectacular –según siempre el ojo que mire– o que sí, ninguna opción es más válida. Ninguna opción es discutible más allá de la persona que lo lleve puesto.

No sabemos las luchas de nadie, los pensamientos de nadie, los gustos de nadie, las inseguridades de nadie y las ganas que tenga o no una persona de hacer o no algo.

Dejemos de opinar y de hacer chistes de algo que es una problemática real y que puede descarrilare en una situación tan terrible como el hecho de que una niña no quiera ir a la fiesta de Halloween de su clase porque no puede ponerse un disfraz igual que sus compañeras.

O peor.

 

Romina Naranjo
 
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