Hace un año que conocí a Nick, la complicidad y el buen rollo surgió y nos hicimos rápido amigos. Al poco, empezamos a sentirnos atraídos el uno por el otro, había una tensión sexual palpable en el ambiente a la que no habíamos dado rienda suelta.
Nick era lo que denominaremos un mujeriego, nunca tenía más de 3 citas con una chica para no enamorarse ni tener una relación sería, así que decidí que solo lo quería de amigo.
Fueron pasando los meses y empezamos a sentir mutuamente que era algo más que amistad y tensión sexual. Nos acostamos y poco a poco la relación fue a más, decidimos que si algún día estábamos con otra persona antes lo diríamos y daríamos por zanjada nuestra «relación». Fue pasando el tiempo y yo necesitaba más de él, necesitaba que se comprometiera, que fuera mi pareja y me dedicara el tiempo que yo necesitaba.
Así que después de medio año intentando que él diera el paso y aceptara que fuéramos pareja sin éxito, lo dejé. A los días seguía súper triste y salí de carnaval con los amigos para beberme hasta el agua de los jarrones y ahogar las penas.
Como suele ocurrir, el alcohol y las tecnologías no son buenos aliados, así que escribí a Luis, mi anterior ex novio, para decirle que echaba de menos acostarme con él, echaba de menos su polla y la manera en que me miraba cuando me follaba bien duro, vamos, para ponerme un pin de todo lo que solté por mi boca.

Me llamó y me preguntó que dónde estaba, que estaba muy borracha y venía a buscarme que no me veía en condiciones de estar por ahí en ese estado. Me recogió y me llevó a su nuevo piso, me acostó en su cama, me quitó los zapatos y me arropó para que durmiera hasta el día siguiente.
Cuando me levanté me sentí bastante aliviada de pensar que había sido una persona razonable y me había llevado para dormir y no para aprovecharse al estar borracha. Luis era muy guapo, un chico de casi 1.90, grande, con labios carnosos y barbita de 3 días.
No sé ni cómo llegamos a eso, pero acabamos acostándonos después de desayunar y fue brutal, como siempre había sido.
Después al rato me fui a casa y a media tarde recibí un mensaje inesperado. Nick me había propuesto quedar esa noche para hablar sobre todo lo sucedido, añadiendo al final: “Te he echado mucho de menos, Maca”.
Se me removieron muchos sentimientos que aún ni habían empezado a sanar, así que sin dudar ni un segundo, le dije que sí.
Cuando llegó me abrazó muy fuerte y me besó, para él no había cambiado nada. Estuvimos hablando sobre nosotros y no me esperaba para nada el cambio que había dado.
Maca, llevo unos días fatal, no he parado de pensar en ti ni un solo segundo, sé que me cuesta mucho tomar decisiones y que quizás las cosas no han sido fáciles a mi lado, pero me he dado cuenta que te quiero muchísimo y quiero estar a tu lado, lo tengo claro.
Metió una mano en su bolsillo y sacó un colgante de madera.
Todas las noches que hemos pasado separados dormía con este colgante puesto y me sentía un poco más tranquilo, me gustaría que lo tuvieras tú.- Sus ojos se volvieron vidriosos y lo supe, él era el hombre de mi vida y aunque le costara dar pasos en la relación, nuestro amor era único y yo no podía vivir ya sin él.
Nos besamos como si no hubiera un mañana, de una manera muy pasional, viviendo el momento y sintiéndonos unidos como nunca. Sus manos deslizaron las tiras de mi vestido para dejar mis pechos al descubierto. Los besó y acarició con dulzura, notaba sus labios calientes recorrer todo mi cuerpo, dejándome la piel completamente erizada.
Besé su cuello y emitió un pequeño gemido que me pareció de lo más sexy.
Mis manos se deslizaron por su abdomen marcado y se detuvieron en la cintura de los pantalones. Abrí los botones del pantalón y mis manos juguetearon con su erección.

No podía parar de mirar esos ojos azules tan penetrantes y únicos, me quedé embobada por unos segundos y él sin apartar la mirada me tumbó sobre la cama y me retiró las braguitas. Se acomodó entre mis piernas y se deslizó suavemente dentro de mí.
Pude notar cada centímetro de su piel deslizándose dentro de mí, tan caliente y excitado que me dejé llevar y gemí clavándole ligeramente las uñas en su espalda. Cuando volví a mí, le miré y me quedé eclipsada, su mirada era tan de placer puro, deseoso y hambriento de mí, que me puse a mil y estoy segura que lo notó.
Sus manos se acomodaron en mis caderas para penetrarme más profundo, sus labios se entreabrieron y se los humedeció, se me quedó mirando fijamente y se corrió.
Nos quedamos tumbados y abrazados, esto significaba un nuevo inicio junto, las ilusiones renovadas y esa sensación de que estaba de nuevo en casa.
El único problema que había, es que hasta esa noche, pensaba que lo nuestro estaba roto y yo me había acostado con otra persona. Me siento fatal por ello y no sé cómo gestionarlo. Dicen que el tiempo lo cura todo, yo espero olvidar ese impasse de nuestra relación lo antes posible, porque para mí Nick lo es todo.