Una duda revoloteaba en su cabeza, ¿conseguiría satisfacerlo? ¿Era suficiente para él? Toda su vida había sido estigmatizada por su físico, especialmente por las pecas de su piel, por no cumplir los cánones de belleza.

Dos golpes resonaron en la puerta, dio un respingo.

—¿Puedo pasar? —se escuchó la voz masculina al otro lado. Tragó saliva antes de contestar.

—Adelante. —dijo girando la llave para que él pudiera pasar.

Takoda entró ataviado con un batín burdeos, en una de sus manos cargaba la ropa de la que se había desprendido. Imaginó que él tampoco llevaba nada bajo el batín. Mientras ella se quedaba absorta mirándolo, él volvió a girar la llave no quería que nadie los interrumpiera.

—¿Qué tal el baño? —cuestionó intentando romper el hielo. Colgó su ropa en el perchero.

—Muy bien, ha sido muy agradable. ¿Y el tuyo? — dijo mientras movía sus manos con nerviosismo.

—Bien, aunque me sentía un poco solo. — dijo acercándose y tomándola de la mano—Estas preciosa—se acercó a su cabello para olerlo. El ritmo cardiaco de Lily aumentó. —hueles muy bien.

– Gracias-dijo cohibida.

Takoda la abrazó y comenzó a besarla dulcemente. No quería asustarla, no quería ir con prisas, quería que fuera un momento inolvidable para ambos. Recorrió el perfil de la figura femenina con sus manos. Lily podía sentir el calor de sus palmas a través del satén. Era cierto que estaba nerviosa, pero tampoco quería que Takoda la tratara con extrema delicadeza, quería sentir a ese hombre en todo su esplendor. 

Armándose de valor, colocó las manos en la nuca de él, su lengua se introdujo en la boca de Takoda de forma ansiosa. Él respondió al instante intensificando el beso y bajando sus manos hasta el trasero de Lily para apretarlo con fuerza. Esto provocó que Lily se pegara más a su cuerpo. Se movían enérgicamente el uno contra el otro mientras acariciaban sus cuerpos. El lazo que cerraba el batín de Takoda, el cual estaba algo aflojado, termino de ceder, haciendo que el batín se abriera. El esculpido cuerpo se reveló ante los ojos de Lily.

Nunca pensó que el cuerpo de un hombre pudiera ser tan apetitoso. Recorrió con la mirada su musculoso y bronceado torso. Siguió la línea de vello desde sus pectorales, pasando por los marcados abdominales, hasta donde se volvía más oscuro y rizado. Al ver el miembro erecto se le secó la boca.

Con un rápido movimiento, Takoda hizo que el batín cayera al suelo por completo. Lily no podía apartar la mirada de su cuerpo, sus manos recorrían incrédulas su torso, como si quisiera cerciorarse de que estaba hecho de carne y hueso, y no de piedra como las esculturas griegas. Él sonriente disfrutó de la expresión de deseo de Lily. Sonrió al pensar en lo pícara que se había vuelto su dulce amada. Los erectos pezones se marcaban en la tela blanca, Takoda moría por tenerlos en su boca.

Takoda apartó sus rizos húmedos y comenzó a besar su cuello. Aquellos besos le daban pequeñas descargas de placer que hicieron que Lily se apoyara más en el cuerpo de Takoda. Esto junto a la presión de su miembro contra su trasero hicieron que su entrepierna se humedeciera.

—¿Puedo quitarte esto? —preguntó con voz ronca contra su oído. Lily sentía que se derretía con su voz.

—¿Te gustaría ver mi cuerpo? —dijo entre los jadeos originados por los besos de él.

—Lo estoy deseando. Si no te he desnudado aún, es porque estoy intentando ser un caballero. —Sus manos ya estaban deshaciendo el lazo delantero. 

Las grandes manos bronceadas tocaron la piel de Lily, subieron desde su cintura hasta sus hombros para quitarle la prenda por completo.

No tienes que ser un caballero conmigo, Takoda—dijo girando para enfrentarlo. Aunque él no parecía escucharla. Su oscura mirada recorría cada milímetro de su cuerpo. Sentía que las mejillas le ardían. —¿Te gusta lo que ves? —dijo,  él la miró a los ojos para contestar.

Nunca había visto nada tan hermoso como tú, Lillian Miller—dijo sincero. — Creo que rechazar mi caballerosidad ha sido un grave error cariño. —Dijo con burla-—Ahora me comportaré como el maorí salvaje que soy—ambos rieron. Takoda la alzó en sus brazos y la llevo a la cama.

Se besaron con pasión sobre la cama. Takoda había perdido todo autocontrol. Sus manos acariciaron los generosos pechos le Lily. Ella se arqueó al instante. Sintió los besos de él bajar de su boca, hacia su cuello para acabar capturando uno de los rosados pezones. Lily enterró sus dedos en la melena negra de Takoda mientras gemía. Le dolían los pezones de placer. Mientras pasaba de un pecho al otro, la mano de Takoda bajó hasta el vello oscuro bajo el vientre de Lily. Frotó el monte de Venus con decisión. Ella soltó un grito ahogado. Empezó a acariciar la espalda y los hombros masculinos, cuando el placer la envolvía apretaba sus manos fuertemente contra los músculos de él. Despacio Takoda separó sus labios con los dedos, deslizó uno de ellos dentro del húmedo cuerpo de Lily.

Ella apenas podía creerlo, no tenía palabras para describir el placer que le estaba dando con el movimiento de sus manos. Él la miró a los ojos, no quería perderse la expresión de Lily. Ella abrió aún más las piernas y elevó sus caderas mientras le sostenía la mirada. Aquellos ojos la hipnotizaban por completo.

Takoda volvió a besarla ferozmente al tiempo que el cuerpo de ella se abría más, no dejó escapar la oportunidad, introdujo algún dedo más y aumentó los movimientos.

Lily se sacudía deseosa bajo Takoda.

Él estaba tan duro que era casi insoportable. Sabía que ella estaba lista, la humedad de su cuerpo lo corroboraba. Su mano abandonó su feminidad y continuó besándola unos segundos más.

Lily deseaba devolverle todo el placer, su mano bajó por el cuerpo de él hasta encontrar su miembro. La sensación de dura y caliente en la palma de su mano le resulto extraña pero agradable. Empezó a masajear de arriba abajo mientras ejercía una leve presión. Takoda gruñó complacido, no esperaba que su dulce Lily fuera capaz de hacer eso tan pronto.

¿Dónde has aprendido a hacerlo? — preguntó entre jadeos. Ella enrojeció.

Vi a unos maoríes en el establo…—no quería que Takoda pensará que había estado con otro hombre— No ha habido más hombres aparte de ti. 

Lo sé, preciosa. Pero aunque los hubiera, nada cambiaría— eso le sacó una pequeña sonrisa a Lily. —Oh Lily, como sigas así, esto va a acabar antes de empezar— volvió a besarla.

 

Takoda se colocó entre sus piernas, ya no aguantaba más. Flexionó las piernas de ella y ajustó sus caderas. Él seguía besándola cuando Lily lo notó en la entrada de su cuerpo. Jadeó bajo su boca. Lentamente, se fue acostumbrando a la sensación del miembro en su cuerpo, de momento era algo incómodo.

Intentaba controlar su cuerpo, pero el placer que le proporcionaba la estrechez de ella lo envolvía por completo. Gimió sin reservas. Lily se tensó.

Él flexionó aún más las piernas de Lily, para que ella estuviera en una postura más cómoda. Al hacerlo, el cuerpo de ella naturalmente se abrió más, Takoda la penetró aún más, esperando pacientemente que el cuerpo femenino se acostumbrara al suyo.

Lily casi se desmaya entre el ligero dolor y el placer. Mordió el labio de Takoda con fuerza. Sus caderas se elevaban inquietas contra Takoda deseando sentirlo. Él respondió con suaves embestidas acompañadas de gemidos. Lily lo rodeó con los brazos y piernas, se apretó fuertemente contra él mientras las nuevas sensaciones invadían su cuerpo.

Cada vez que el interior de ella cedía por el placer, Takoda aumentaba el ritmo. Pronto la habitación fue inundada por una sinfonía de jadeos y gemidos por parte de ambos. Lily se sentía en la gloria, de lo único de lo que se arrepentía era de no haberlo hecho antes con él. Sus caderas se acompasaron a los movimientos de él, aumentando el placer de los dos.

Takoda la notaba más húmeda por momentos, sabía que Lily pronto llegaría al clímax. Solo de pensarlo, casi llega él. Pero no, aguantaría hasta llevar a su esposa al séptimo cielo.

Lily apretó fuertemente sus hombros, incluso le clavó las uñas. Era el momento.

Sentía que el corazón le latía más rápido que nunca, cuando noto las palmas de Takoda en su trasero y bloqueaban cualquier movimiento por su parte. Entonces el la penetró rápidamente y con fuerza. El placer abarcaba cada célula de su cuerpo. Echando la cabeza hacia atrás, un largo gemido involuntario salió de su boca. Había llegado al clímax. Por unos segundos perdió la visión y se dejó caer en la almohada.

Takoda seguía con sus embestidas, instantes después un sonido gutural salió de su garganta. Lily sintió algo cálido en su interior. Takoda cayó sobre ella con la respiración igual de agitada. Se miraron a los ojos sin saber que decir.

 

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