Si la estabilidad tuviera nombre, desde luego no sería el de mi madre. Se casó tres veces y lo hizo con la alegría de quien renueva el vestuario cada temporada. Su primer marido, Gustavo, me adoptó sin dudarlo. Nos crió a mi hermano y a mí (él sí era hijo suyo) con una dedicación que, sinceramente, a mi madre siempre le faltó. Pero que nadie me malinterprete: Gustavo también tenía lo suyo.
Digamos que el parecido físico entre mi madre y yo no fue algo fácil de gestionar para él. Sobre todo cuando mi madre le puso los cuernos y se casó con otro. Y con otro. Digamos que su nivel de rencor fue de campeonato. Y, como no podía tirárselo a mi madre (porque ya estaba entretenida en su tercer matrimonio), lo pagó conmigo.
Gustavo era un hombre metódico, casi maniático del control, así que dejó todo bien atado en un testamento. Nos dejó la casa mi hermano y a mí.
Pero la vida no es tan simple.
Mi hermano nunca llevó bien el hecho de que yo fuese hostil con él en sus últimos años. Yo tampoco me sentía precisamente bien con la situación, pero nadie te avisa de estas cosas. De lo rápido que pasa el tiempo. De lo irreversible que es la muerte. Fue una mala gestión emocional por ambas partes.
Por si eso fuera poco, cuando Gustavo murió, descubrimos que sus problemas no terminaron con su vida. Porque, así como se nos planteó la posibilidad de heredar una casa, también se nos presentó una deuda infernal que tardaríamos años en pagar.
Así que me quedé sin padre, sin casa, sin perdón y sin derecho a duelo. O al menos, eso me autoimpuse cuando vi a mi hermano llorar con todo el derecho del mundo y encerrarse en sí mismo sin hablarme del tema.
Obviamente, él también firmó la renuncia. Pero le costó una cantidad de tiempo que yo me pude permitir. Para su suerte—o su desgracia—los trámites fueron lentos. Pudo tantear todas las opciones antes de decidirse. Al final, lo mismo daba: yo estaba a punto de cumpl 18 y él solo tenía 14.
Renunciar para siempre al hogar donde creciste es un tipo de dolor engañoso.
Uno tiende a pensar que, si algún día regresa, todo será como antes. Que la casa te va a recibir como una madre amorosa y que los recuerdos van a encajar en su sitio. Pero no. Es falso.
Esa casa ya no tiene vida.
Caminas por las habitaciones y te preguntas: ¿se desplomó aquí?
Que todo siga igual es inquietante.
Mi tía, que asumió la herencia y saldó las deudas de dudosa procedencia, decidió reformar el piso. Su marido y ella estaban en un buen momento económico y pudieron permitírselo con mucho esfuerzo. Además, era la oportunidad perfecta para darle un hogar a la abuela, que vivía en un quinto sin ascensor y ya subía las escaleras con más fe que fuerza.
Cuando todo lo solucionable empezaba a colocarse en su sitio, mi madre decidió que ya era hora de largarme a mi suerte. Lo cual, básicamente, significa que ahora trabajo y estudio mismo tiempo. No soy la primera ni seré la última. Además, he tenido la suerte de poder costearme un alquiler de estudiante.
Pero junio estaba a la vuelta de la esquina y con él, la pregunta: ¿dónde voy a vivir este verano?
Mi tía, al enterarse de la situación, me ofreció quedarme en su nueva vivienda. O lo que es lo mismo: en la que antes era mi casa. Así también le haría compañía a la abuela.
Acepté. Pero desde que lo hice, hay algo que me atormenta por las noches: ¿Mi hermano pensará que quiero adueñarme de la casa?
Esa casa que él tanto quería y a la que le costó tanto renunciar.
Ayer lo llamé para contarle todo y asegurarle que no tenía ninguna intención oculta. Me dijo que lo entendía con un tono serio, pero no me lo trago.
En el fondo, toda la familia sabe que, si él realmente quisiera recuperar la casa, mi tía se la vendería al precio mínimo de tasación. Pero aun así, hay algo en esta situación que no me deja sentirme del todo cómoda.
No sé si es paranoia mía. No sé si realmente mi hermano se sentirá traicionado. O si, en el fondo, lo que me pesa es esa conversación que nunca llegué a tener con Gustavo.
Con la esperanza de que todo sea solo sugestión, firmo este testimonio basado en una historia real.
Reme.

