Se os está olvidando que la autora no ha pillado al marido en ninguna mentira y que toda su rallada se basa en que su suegra le dio un consejo que a ella no le hizo gracia. A partir de ahí deduce que él lleva todo el tiempo consigo algo nocivísimo para ir administrándoselo al niño y que es imposible que un adulto se haya comido por su cuenta una bolsita de ositos de goma.