Qué casualidad que todas tus amigas antes tuvieran una opinión y ahora que son madres tienen otra. ¿Es casualidad? ¿Un virus que se transmite con el esperma? ¿Folie à deux?
¿O habrá sido una decisión informada, sopesada, meditada y tomada con conciencia?
Cuando uno decide ser padre o madre quiere lo mejor para sus hijos. Entonces la mayoría leemos libros de crianza, de apego, y la mayoría tenemos conflictos internos porque es en ese momento cuando te das cuenta de las cosillas que hacían contigo que no estaban bien, las consecuencias que han tenido en tu personalidad, y aunque perdones porque «no tenían tanta información» prefieres hacer las cosas distintas con tus propios hijos.
Nadie lo hace perfecto, y tus amigas seguro que tienen cosas a mejorar pero por lo pronto ya son mejores padres que los tuyos, y sus hijos tienen más papeletas de salir mejor que tú. Dale una vuelta. Porque si algún día decides ser madre tú, seguramente te conviertas en las madres que estás criticando ahora.
De todas maneras, ese enervación que te entra, es tu niña interior sufriendo por la injusticia al ver que a ella le dieron cuatro guantazos y a esos niños no les gritan y les tratan con cariño. Y tú querrías que les dieran esos guantazos para hacer el mundo justo, pero lo justo es que no peguen a nadie, no que nos peguen a todos.
Y en cuanto a que los niños dictan el qué hacer, no es tal. Simplemente es mucho más consecuente que un adulto se adapte a las necesidades de un bebé o niño pequeño, a que sea a la inversa. Muchas veces los padres, si no les apetece quedar, o saben que sacar al niño de su rutina implica que no duerma por la noche, o si está enfermo (que es día sí día no), o sienten que la amistad a la que van a ver les juzga como padres, pues usan la excusa del niño para evadir la cita.
Un saludo