Es que el señoro llega y empieza a hablar como si nada y a la gente le da vergüenza cortarle el rollo. Todo el mundo por atrás «sí, es un gilipollas» pero a la cara sonrisita. Dicen eso, que qué le vas a hacer, que él es así, no le haces caso, no te lo tomas como algo personal…Pero es que…¿empujar a una nena que podría ser su hija? También me dicen que no es asunto mío decirle las cosas, pero yo soy de decir las cosas en plan «Oye Fulano, yo sé que tú no sabes que me estás empujando, por eso te lo explico y te enseño que está mal». Porque yo entiendo que hay que tratarlo como a un niño.
Me da mucho coraje.