Los primeros años de universidad vienen acompañados de muchos cambios, sobre todo si te mudas de ciudad y dejas de convivir con unos padres que están pendientes de ti todo el rato. Conoces gente nueva y empiezas a saborear la libertad que te da ser mayor de edad y no estar constantemente vigilada por adultos responsables. 

En ese contexto es fácil perder las inhibiciones y hasta los valores. Pero no fue mi caso. Yo seguí conservando cierta postura ética que me impedía tanto poner cuernos, como ayudar a ponerlos. Por eso, cuando una amiga de la nueva pandilla que se formó en la universidad nos presentó a su novio, yo no le di la menor importancia. Parecía simpático el chico. Y no era feo. Pero era el novio de alguien. Así que estaba descartado intentar tener nada con él en el plano amoroso. 

Lo que sí es verdad es que conectamos mucho como amigos. Iniciamos una relación de pura amistad, que se sostenía, sobre todo, gracias a las redes sociales, ya que no quedábamos tanto en persona. 

El problema es que, efectivamente, el chico era muy simpático y muy guapo, lo que hizo que me fuera gustando cada vez más. Pero, como ya he dicho, entendía el sentimiento que generaba que te pusieran los cuernos. A esas alturas, a mí ya me había pasado y no era agradable. Así que en ningún momento me plantee siquiera confesarle mis sentimientos. 

Lo que sí hice fue desahogarme con la que, en ese momento, era mi nueva mejor amiga (que el título le duró hasta que mostró su verdadera cara, pero ese es otro tema). Le dije a Raquel, que así se llamaba, que me estaba colando por el novio de Marisa y que, obviamente, no iba a hacer nada al respecto. Pero que necesitaba comentarlo con alguien porque, de verdad, estaba empezando a tener sentimientos muy fuertes. 

La respuesta de Raque me dejó en shock. ¿Pues no va la tía y me dice que, si me estuviera enamorando del novio de Sonia, que todo bien, pero que, al ser el novio de Marisa, tenía que intentar olvidarlo? Sonia era otra chica que se había incorporado más recientemente a la pandilla. Imagino que, por el poco tiempo compartido, a Raquel no le había dado tiempo a cogerle cariño. O simplemente Raquel y Sonia tenían personalidades que no encajaban entre sí. Pero entonces que yo me aclare: ¿puedo participar en unos cuernos siempre y cuando la persona cornuda le caiga mal a Raquel? ¿Es eso? ¿Es Raquel la persona encargada, en España, de decidir si unos cuernos están bien, o mal, dependiendo de la afinidad que tenga ella con los miembros de la pareja? Yo alucino. No se deben poner cuernos, ni ayudar a ponerlos, porque es una traición dentro de una relación monógama. Punto. Independientemente de si conoces, o no, a los dos miembros de la pareja y de cómo te caigan a ti, o a tu amiga. 

Yo, por supuesto, lo que hice fue tomar nota del comentario de Raquel que, unido a varios comentarios y comportamientos más, me hizo concluir que no era buena persona y acabar alejándome de ella, y respecto a Marisa y su novio, nunca hice nada con él. 

De hecho, a los años, seguíamos en contacto porque nunca dejamos la amistad, y acabaron cortando. Tuvimos oportunidad de iniciar algo, porque ambos nos gustábamos, pero decidimos que no. Luego él empezó otra relación con una chica que a mí no me caía demasiado bien y, ni por esas, me metí en medio. Es más, fue él el que, en un momento dado, sugirió la posibilidad de ponerle los cuernos a su nueva pareja conmigo, por echar una cana al aire antes de casarse, supongo, y yo me negué. Porque no, los cuernos no se ponen ni aunque te caiga mal la persona cornuda.