Tengo una amiga que trabaja en el supermercado de debajo de mi casa y hace poco me llamó para contarme algo que me dejó alucinada.
Al parecer en su tienda llevaban un tiempo sufriendo unos robos muy concretos. Digo esto porque para mí que se robe en un supermercado es algo bastante extraordinario, pero al parecer es bastante frecuente, casi diario. Cremas me dijo mi amiga que era lo más habitual, pero han llegado a robar aceite ¡sin la botella!
El caso es que llevaban mucho tiempo muy atentos todos en el súper porque cada semana les desaparecían pulpos congelados por valor de unos 150 euros cada semana.
Tienen cámaras en casi toda la tienda, pero no habían podido detectar quien era al 100% hasta ahora. Resulta que estaban casi seguros de que era un señor que venía siempre dos veces a la semana; una solo y otra con la mujer. Cuando va solo siempre compra unos sacos enormes de pienso de perro que son muy muy baratos. Son tan grandes que nadie le pide que los saque del carro porque pesan demasiado y le pasan el lector desde allí.

Hace un par de semanas, la cajera que le cobró fingió que el lector no iba y salió por fuera con la pistola para mirar bien alrededor dónde podía haber escondido los pulpos. Pero no los consiguió encontrar.
Los encargados estaban muy atentos cuando sabían que estaba en la tienda. Llegaron a verlo coger los pulpos y meterlos en el carro, como cualquier cliente, pero al pasar por caja nunca los lleva en el carro y no lo pueden cachear sin pruebas. Así que seguían en la búsqueda del misterio de los pulpos.
El error fue cuando, la última vez, al ver que ni siquiera habiendo inspeccionado la cajera el carro los había encontrado, se vino arriba y fue a una sección a comprar pescado. Pero no del de oferta precisamente. La pescadera, que estaba al tanto de todo, avisó al resto de compañeros para que estuvieran atentos. Debía pasar por caja con una bolsa de casi 70 euros. No era muy grande, pero sí muy cara.

Antes de que llegase a caja un encargado lo vio pasar y miró su carro, ni el pulpo que le vieron coger ni la bolsa de la pescadería. ¡Ya lo podían parar!
Automáticamente y sin decirle nada, llamaron a la policía. Cuando él llegó a caja con su pequeña compra y su saco de pienso, apareció en su caja un policía, la pescadera y un encargado.
El encargado les explicó que llevan meses detrás de él porque les ha robado cientos de euros en congelado, pero que solamente tenían como prueba vídeos en los que se le ve meterlos en el carro, pero nada más. Pero hoy la pescadera sabe que debe llevar una bolsa de pescado que no está pagando.
No hubo resistencia. Simplemente desdobló el cierre de la bolsa de pienso y allí, enterrados entre pienso, estaban los artículos que faltaban.
La policía recomendó la denuncia. Tenían pruebas de sobra para denunciarlo y que tuviera que pagar todo lo robado.

La mujer se pasó días después para disculparse. Ella no sabía nada. Al parecer su marido se los estaba vendiendo a un amigo que tiene un bar diciéndole que se los traía a mitad de precio de vete tú a saber dónde.
Ella no sabía ni dónde meterse, porque su marido y ella tenían un buen trabajo en la misma tienda, justo al lado del supermercado. Su marido tuvo que llegar tarde el día que lo pillaron robando y al llegar ya toda la tienda se había enterado de lo que había pasado.
A él le pusieron una amonestación por la falta, pues su jefe y el gerente del supermercado son amigos y sabe perfectamente que hará lo posible ahora por echarlo a la calle. Ella no sabe cómo hacer para que todo aquello no le salpique de alguna manera y se está planteando separarse, pues con ya casi 50 años si se ve en la calle por culpa de algo que no necesitaban en absoluto…
Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.
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