Se acercan los carnavales escolares y ya estoy con ansiedad. No es que no me gusten los carnavales, de niña me encantaban, pero desde que soy madre vivo con angustia la llegada del mes de febrero, y estoy segura de que los que tenéis hijos en edad escolar me entenderéis.

En el colegio de mi hijo, todos los años eligen una temática y todos los niños deben ir disfrazados acorde. El problema es que de esos disfraces tenemos que encargarnos los padres. Yo cada año rezo para que el disfraz sea comprado o fácil de hacer, pero este año mis plegarias no han sido escuchadas…

Parece ser que las profes son expertas costureras y piensan que todos sabemos coser, o que les encanta ponernos en un aprieto a los papás, porque tela marinera con los disfraces de cada año. Pero es que este año, la clase de mi hijo van de botes de pintura.

Intento convencerme de que no puede ser tan difícil. Luego recuerdo que no sé coser. Ni cortar bien la tela. Y eso no es lo más complicado:

Para mí lo más difícil de todo es ponerte de acuerdo con otros 40 padres para ir a comprar las telas y complementos porque todos los niños tienen que ir iguales.

Es cierto, todo hay que decirlo, que en la clase de mi niño los papás son bastante majos, siempre hay alguien que se ofrece a ir a la tienda de telas y compra para todos los niños, luego los demás le hacemos bizum y listo.

Una vez tenemos el trozo de tela que nos corresponde, hay que confeccionar el maldito disfraz de bote de pintura, que podría parecer simple, pero para una persona que no ha cosido en su vida ni un botón, va a ser toda una hazaña que quede bien.

Lo bueno es que en el cole de mi hijo organizan un taller para que los papás y mamás vayamos una mañana todo a coser los disfraces. Que está muy bien, pero ya sabéis lo que pasa con estas cosas, al final van muy pocos, los que estamos en paro o trabajamos en turnos de tarde. Porque, ¿quién va a pedir un día libre en el trabajo para ir a hacer el disfraz del hijo?

Llega el día del taller de costura. Me presento con tijeras, pegamento, porque aguja e hilo ni tengo, y una actitud muy positiva. A mi alrededor, algunos padres, y hasta fue alguna abuela, manejan la aguja y el hilo como si fueran modistas profesionales, mientras yo intento no pegarme los dedos al disfraz. Después de varios intentos, mi bote de pintura empieza a tomar forma, aunque más bien parece un saco de patatas. Pero bueno, la intención es lo que cuenta, ¿no?

Al final, después de perder todo la mañana en el cole, salgo de allí con el disfraz a medio hacer. Menos mal que tengo a mi madre que sabe coser y me lo termina ella.

Superado el reto de la confección, queda la siguiente fase: El desfile. Resulta que el evento es por la mañana, en horario laboral, así que toca pedir el día en el trabajo porque justo ese día me habían puesto de mañana. La Ley de Murphy. Me paso las semanas trabajando de tarde y para una mañana que me dan, coincide con el desfile de carnaval. Al final cambio el turno con una compañera y listo.

El problema viene cuando tienes dos hijos en colegios diferentes y te toca elegir un favorito para ir a verlo el día de carnaval. En mi caso, tengo uno de 18 meses que está en la escuela infantil y otro en primaria. Al final decido que voy a ver al mayor, porque el pequeño aún ni se entera.

Que esa es otra… el disfraz del pequeño. En su escuela también piden que los niños vayan disfrazados de una temática en concreto. En el caso del mío es la naturaleza, así que el disfraz puede ser desde flor, nube o un animalito, las opciones son muchas. El problema es que son bebés así que los disfraces tienen que ser cómodos, no muy voluminosos ni que les estorben, y fáciles de quitar para que las profes puedan cambiarles el pañal sin tardar mucho.

Busca tú un disfraz de bebé que no sea enterizo (mejor dos piezas para el cambio del pañal), ni muy gordo, porque en la escuela tienen la calefacción a toda castaña y los niños se cuecen; que ya me pasó con mi hijo mayor cuando estaba en infantil, que lo llevé con un pijama de superhéroe de esos como de terciopelo porque parecía un disfraz, y se lo tuvieron que quitar y dejarlo en body, porque el niño estaba rojo como un tomate.

Al final, si coser un disfraz para tu hijo no es fácil, encontrar un disfraz para un bebé que cumpla con todos los requisitos que te piden en la guardería es casi una misión imposible.