Ella baila sola tiene una canción que se llama “¿Cómo repartimos los amigos?”  Y es que en una separación, sobre todo en una pareja que está integrada en un grupo de amigos, haya cierto posicionamiento entre los amigos tras una ruptura o que uno de los dos se separe poco a poco o de golpe (dependiendo de las circunstancias).

Yo tuve varias parejas de años a lo largo de mi vida y tras la ruptura me distancié de algunas personas. Lo típico, amigos que eran SUS amigos de antes y no van a dejarlo de lado por ti, como es lógico.  Luego, con el tiempo, quizá surge un nuevo acercamiento, pues nada tienen que ver con tu ruptura…

Seguramente si no has protagonizado una historia similar, has visto al novio aquel tan majo que tenía tu amiga X con quien te llevabas genial y tras la ruptura no has vuelto a hablar con él.

Pero esta historia es diferente. Esta es la historia de cómo de pronto no sé nada de mi mejor amiga desde que se ha separado de su marido y no sé ni cómo ni por qué.

Hace unos años que siento bastante inseguridad en mis relaciones sociales. Tras la más grande de las traiciones por parte de una amiga que consideraba de mi familia y toda la conspiración absurda pero real que se montó a mis espaldas, no soporto la incertidumbre de saber si alguien está realmente ocupado para no hablar o es que no quiere hablar conmigo; si alguien se ha sentido ofendido por algo y esta esperando una disculpa o simplemente se olvidó de contestar. Por eso yo ahora intento abordar las conversaciones incómodas lo más incómodas posible, pero muy claritas.

Yo no pude estar muy cerca en los momentos más duros de su vida, pero estuve todo lo que pude. Por el contrario diré que, hasta que su vida se complicó demasiado, pude siempre contar con ella para todo en mi vida. Lo bueno, lo malo, lo absurdo y lo importante.

Nuestras vidas nunca fueron caminos de rosas y solíamos quitarnos las espinas juntas. Hace un par de años quise apoyarme un poco en ella cuando viví un momento muy duro familiar y ella quiso responder como antes, pero no pudo. No se lo reprocharía jamás, pues aunque yo estuviera muy mal, ella también tenía lo suyo y no tenía sitio para una sola preocupación más. Eso no quita que me hubiese gustado que, al menos una vez, me hubiese preguntado cómo estoy, cómo están mis hijos… Quizá yo no le  preguntaba lo suficiente a ella… Quien sabe.

El caso es que su relación de pareja estaba llegando al límite y, aunque en la distancia, intenté apoyarla en lo que pude. La escuché, la visité siempre que la vi receptiva y me preocupé de cómo iban aconteciendo las cosas.

Entonces llegó la decisión: “no puedo más, quiero el divorcio”. No voy a negar que sentí una enorme pena, pues los quiero a los dos muchísimo y creo que su relación fue víctima de unas circunstancias muy concretas que, de no haberse dado así, no hubiesen erosionado tanto su amor.

Sentí entonces un vacío enorme. De información, de contacto y de todo. Como os decía, yo ahora no me quedo con la duda. Así que pregunté. Efectivamente podía tener cierta relación su distancia para conmigo con el hecho de que yo participase tan activamente en los inicios de su relación. Pero no tiene por qué. Ellos acabaron en buenos términos y yo soy igual de amiga de él que lo he sido en los últimos años antes de su relación (si nos vemos genial, si no, pues nada). Y ella es… Es ella, es mi mitad, mi todo… Ella “no es nadie”. Esta era una frase que usábamos mucho entre nosotras cuando había algo que no debíamos decir a nadie, pero nos lo decíamos entre nosotras, porque era algo especial, algo diferente y teníamos una confianza ciega y plena la una en la otra, por lo que confiarnos un secreto era como no confiárselo a nadie.

Teníamos pendiente un tatuaje juntas desde hacía tiempo, pero nunca era un buen momento. Pero entonces me dice que tiene alguna idea sobre el tatoo, que quiere avanzar en su vida como persona individual y yo, que transité por esas sensaciones hace unos años, quise acompañarla. Pero entonces llegó el silencio.

Llegó de nuevo el “estoy liada”, pero esta vez sí tiene tiempo para hacer muchas más cosas. Veo cómo me dice que no quiere molestarme porque yo con mis niños tengo mucho lío y ella tampoco tiene demasiado tiempo pero, como toda buena divorciada de nuestro tiempo, comparte lo feliz y libre que se siente saliendo, disfrutando, bailando y viajando. Y yo me alegro infinito por ella, pero no sé en qué momento yo he sobrado ahí. En los últimos meses nos hemos visto en las fechas “obligadas por el calendario”, con un intercambio de frases protocolarias que se me clavan muy dentro.

He presenciado conversaciones privadas con quienes son ahora su red de apoyo y he visto la línea de la distancia muy bien dibujada. He visto el hueco de nuestro tatuaje (pequeño, discreto y pospuesto porque esperaremos a que pase todo esto) ocupado por otro mucho más grande que simboliza su amistad con otra persona. Si de algo me he enorgullecido siempre es de que ninguna de las dos fue nunca esa amiga invasiva que se cela de las amistades de la otra, pero confieso que eso sí me dolió porque no lo vi venir, porque no entendí hasta ese momento que la metáfora era real, no había sitio ya para mí.

Supongo que hice algo, dije algo… O quizá fue lo que no dije. El caso es que ella juró que no pasaba nada, que estaba todo bien, pero al final yo me he quedado sola de nuevo y  no sé por qué.

 

Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.

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