Dí que si, dí que si… esa frase resonó en mi cabeza durante días, me atrevería a decir que durante meses.

Mr. M y yo habíamos hablado de casarnos muchas veces, pero siempre se quedaba en eso, en una conversación, a veces más intensa que otras.

Por eso, cuando llegó el momento de hacer algo espectacular, lo tuve claro. Tenían que coincidir en tiempo y espacio la música, nuestros amigos y personas más especiales, y sobre todo el amor.

21 de Abril, esa era la fecha clave. Tocaban en Madrid uno de nuestros grupos favoritos. Todos nuestros amigos tenían la fecha libre y Mr M. no sospecharía nada.

Le hice creer que nos íbamos de concierto, que sería un momentazo más, mientras, a sus espaldas… la fiesta ya había empezado. Conversaciones con el grupo, pancartas, llamadas con amigos, grupos de whatsapp secretos, emoción. Máxima. Sería la pedida sorpresa más sonada de la historia de las pedidas.

Y… llegó el día, Mr M. vivía en absoluta ignorancia lo que se cocinaba, él solo pensaba darlo todo en el concierto que cambió nuestras vidas. Sin despegarme del teléfono ni un minuto y con ayuda de todo mi ejército conseguimos camuflar todo el operativo, cañones de confeti incluidos.

Se apagaron las luces, la música lo inundó todo y esa electricidad que tanto engancha nos hizo bailar, como nunca.

Entonces sonaron los primeros acordes de ¨Pacífico¨, mi querido Fran (qué habría sido de mi sin el grupo al completo) hizo que toda la sala enmudeciera y dio paso a lo que sería el momento más mágico de toda mi vida (hasta la fecha).

Con una seguridad en mi misma pasmosa, puse los pies en el escenario, me encaramé al micro y me declaré. Vaya si lo hice. Cual barco que zarpa y despliega velas, apareció esa pancarta (que con tanto amor hizo mi hermano) con las palabras mágicas… CÁSATE CONMIGO.

» Y resulta que toda esta gente no tiene ni idea de quien somos y a qué hemos venido. Solo saben que te quiero y realmente, es lo único que importa»

Y Mr. M. tuvo que subir al escenario y decir que sí. No sabéis que peso me quité de encima… ¿y si llega a decir que no?

El confeti voló, los aplausos ensordecieron una Joy Eslava que estaba hasta la bandera. Besos, abrazos y acordes de marcha nupcial. Os puedo asegurar que a día de hoy, sigo en una nube. Cuando pienso en ese momento, el vello se eriza y me dan ganas de llorar.

Ay amigas, así es como en el concierto de nuestro grupo favorito, con nuestra canción de fondo el amor alcanzó su máxima expresión y empezó esta aventura. Que por cierto… si quieres leer sobre bodas diferentes, solo tienes que hacer click aquí.

Espero que os haya gustado y emocionado este capítulo, nos leemos pronto.