Hace un tiempo conocí a Beatriz de fiesta, nos enrollamos e intentamos tener una relación que nunca fue demasiado bien. Somos muy distintas, y aunque eso no siempre tiene por qué suponer un problema, en este caso sí lo era.

Yo soy de estar en casa leyendo, jugando al ordenador, o cocinando, y a ella le gusta más la fiesta, la aventura, y probar experiencias nuevas. Me dejó después de una bronca enorme que tuvimos a raíz de los celos que me dio verle perrear con otras tías. No supimos nada la una de la otra durante meses, hasta que me llamó proponiéndome quedar para tener sexo; solo y exclusivamente sexo, quiso dejar claro varias veces. Yo, que seguía queriendo con ella mucho más que eso, le dije que sí, que vale, que aceptaba quedar solo para follar. 

Así estuvimos durante un par de semanas o tres, no todos los días pero sí con mucha frecuencia, así que evidentemente a parte de sexo había mucha conversación, nos contábamos cosas del curro, de los amigos, de la familia…

Le conté que en aquel momento había un buen revuelo montado en mi familia porque un tío-abuelo mío estaba a punto de morir y en su testamento me lo había dejado todo a mí: un piso tasado en más de 400.000 euros, un montón de cuadros y obras de arte que había dentro, y todos sus ahorros, que no sabía yo cuánto era, pero era mucho.

La verdad es que mi tío Leonardo siempre me lo había dicho, aunque yo pensaba que en broma, que yo heredaría todo lo suyo. Soy la única en mi generación, no tengo primos, y he sido un poco la mimada de todo el mundo, pero al enterarse mis tíos de que nadie más iba a recibir nada, fliparon, y bueno, he de decir que lo entiendo. Pero se volvieron contra mí, a pesar de que yo no tenía ninguna culpa, y me acusaron de habérmelo camelado estos últimos años con intención de recibir la herencia, que eso es algo que jamás haría ni se me había pasado por la cabeza siquiera.

Yo andaba disgustadísima con el tema y mis padres también, por eso se lo conté a Bea. Me sentí muy bien contándoselo, ella me abrazó muy fuerte y el alivio fue instantáneo, me ayudó a reafirmarme en mi inocencia, a aceptar las cosas como vienen, y me prometió que no me iba a dejar sola en un momento tan duro como aquel. Y yo encantada, claro.

A partir de entonces me llamaba varias veces al día, asegurándose de que yo estaba bien, me mandó flores un día, me invitó a desayunar otro día, y todo esto era mucho más de lo que yo podía soñar.

Me preguntaba por la salud de mi tío Leonardo tantas veces que había ocasiones en las que yo ya no sabía ni qué responderle, y también me hacía preguntas acerca de qué iba a hacer yo con el piso que estaba a punto de heredar, o si sabía dónde tasar las obras de arte, y me pedía por favor que contara con ella para gestionar todo aquello. Pero empezó a insistir tanto, a preguntar tanto por mi tío, y a hacer cosas tan feas como preguntarle por el testamento a él directamente (un día que fuimos a verle al hospital), que sentí la necesidad de dejar las cosas claras porque estaba empezando a sospechar algo que no me gustaba nada pensar de la que ya era de nuevo mi pareja.

Así que un día, durante la cena, abordé el tema con ella. Le dije que no me sentía cómoda con que le hablara ella a mi tío de cosas sobre la herencia, que era un tema muy delicado y que ya había bastante mal rollo conmigo como para que se metiera ella de por medio. Yo no podía parar de pensar que la herencia va tan relacionada con la muerte de un ser querido, que hay que ser una persona muy fría para no ver más allá del beneficio económico que puede suponer.

En medio de esta conversación, a ella se le escapó un “pero venderemos el piso de tu tío”, y yo le dije que en todo caso lo venderé yo, porque es un tema solo mío.

Me sentó fatal que se incluyera, después de llevar juntas de nuevo tan poquito tiempo, en algo tan privado y familiar como una herencia. Bien, pues ella se lo tomó fatal, se pilló un rebote enorme y se fue de mi casa.

¿Os podéis creer que no volví a saber de ella? Yo le escribí para solucionar las cosas, para disculparme si había sido muy visceral, pero le noté exactamente el mismo desinterés que ya había mostrado por mí anteriormente. Así que lo tuve claro y, mira, mientras mi tío Leonardo sigue vivito y coleando, Beatriz está muerta para mí.

Anónimo

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