Sex & Love

Follodrama: Él, mi regla y la zanahoria de su abuela

Siempre he sido fan absoluta de la sección de Folladramas de WLS, pero siempre que leía alguno pensaba: ‘pobrecitas estas chicas, menos mal que a mi nunca me pasan cosas raras’. Pues bien, al parecer…

NADIE ESTÁ A SALVO DE LOS FOLLADRAMAS

El fin de semana pasado me fui con una amiga a su pueblo, porque eran las fiestas del patrón de su calle o no sé qué, la verdad es que tampoco me importaba mucho el motivo, para mí cualquier excusa para pasar un finde distinto es bien y si encima es con fiesta de por medio, mejor que mejor.

Pues bien, mi amiga me presentó a su primo. Desde que lo vi sabía que algo íbamos a tener, pero vamos, me esperaba un intercambio de números, una pedida de Facebook y a la próxima que nos viéramos pues ya nos comíamos el pastel mutuamente, pero nada, al parecer en los pueblos no se pierde el tiempo y yo que me alegro.

Estuvimos juntos durante la comida familiar. Nos quedábamos todos en casa de la abuela: primos, tíos, invitados… Éramos como unos veinte y la verdad es que jo, ese tipo de situaciones te hacen envidiar no tener una familia grande. Cuántas risas y qué buen rollo había por todas partes.

Empezamos a beber desde el aperitivo, continuamos en la comida, pasamos a los copazos después del café… Yo llevaba un tonteo con el primo tan absolutamente descarado que mi amiga no sabía dónde meterse. Todos los familiares lo comentaban abiertamente y, para sorpresa mía, yo me lo tomaba a coña y no hacía nada por evitarlo.

El caso es que avanzada la tarde la gente se empezó a dispersar. Algunos se fueron a la plaza del pueblo, otros iban a comprar lo que hacía falta para la cena, mi amiga se fue a duchar a su casa porque decía que iba muy pedo… El caso, nos quedamos la abuela, el primo y yo.

¿Os imagináis cuánto aguantamos en el salón con la abuela? Efectivamente: N A D A

En cuanto mi amiga salió por la puerta, el señorito se inventó que iba a enseñarme la foto de cuando era pequeño que tenía en la habitación de la entrada y ale, los dos que nos fuimos y la adorable abuelita que se quedó allí viendo su novela tan contenta.

Parecía que no habíamos follado en nuestra vida. Empezamos a comernos la boca como si no hubiera mañana, las manos volaban, la ropa caía al suelo a al velocidad de la luz, nos faltaban manos para tocarnos.

El caso es que cuando el señorito me fue a quitar las bragas… SORPRESA: me había bajado la regla y a saber desde qué hora, porque el cirio que tenía ahí abajo montado no era de media horita.

El chaval se agobió muchísimo, íbamos tan borrachos… Me dijo que la sangre le daba mucho asco, que lo sentía muchísimo pero que no podía, que le encantaría que le diera igual, pero que pensar en su pene lleno de sangre le daba mucha grima y yo qué sé cuantísimas cosas más. Hablaba solo, lo juro. Es que de hecho no se callaba, no sé qué tipo de trauma tiene con la sangre, pero el agobio que llevaba encima era real.

Le dije que no se preocupase, que lo entendía perfectamente, que no pasaba nada, que me llevase a casa de su prima para que me cambiase yo también y listo, pero él que no, que nada, que no me escuchaba, estaba a lo suyo.

El caso es que sale de la habitación, me dice que me espere, que vuelve enseguida, que él ‘no dejaba a ninguna tía a medias jamás’, os lo juro, me dijo eso literalmente. Lo oigo hablar con la abuela, mientras me visto otra vez, reincido en el hecho de que íbamos los dos TAN borrachos… Yo no encontraba la ropa, iba dando tumbos por la habitación cuando me lo veo entrar otra vez…

CON UNA PUTA ZANAHORIA EN LA MANO. 

No me preguntéis cómo pasó, porque todavía no sé cómo me dejé, cómo empezó, cómo no me fui corriendo, cómo se le ocurrió.

ME FOLLÓ CON UNA ZANAHORIA QUE LE HABÍA DADO SU ABUELA. 

Yo jamás me había metido ahí abajo nada que no fuera un pene de señor vivito y coleando, igual algunas de vosotras tenéis experiencias, pero yo… Eso estaba TAN duro, él era TAN bestia, yo iba TAN borracha. Mira, pa qué.

Le dije que ya me había corrido y que me tenía que ir, me levanté y le miré mirar la zanahoria llena de sangre… Pobrecito mío, de verdad, creía que en cualquier momento iba a potar o algo.

Ahora me río y todo, pero en aquel momento quería llorar.

Y no, no tengo su número, no quiero su número, no quiero volver a ver a ese señor en mi vida.

QUE ME METIÓ UNA ZANAHORIA POR EL TOTO, JODER. Cada vez que lo pienso…

Creo, sinceramente, que esa hortaliza naranja jamás volverá a ser parte de mi compra semanal.

 

 

Anonimo

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