El tiránico legado adolescente.

En la adolescencia, todo (incluso la rebeldía) está marcado. La actitud ante la vida, la ropa y música que “petan”, y las chicas que molan. Por eso hay chicos y chicas populares. A mí me tocó esa lotería de gustarle a la popular de la clase: alta, delgada y borde. Sus amigas y los míos nos forzaban a coincidir, rumores, cuchicheos… y yo siendo empujado a probar suerte con ella sin saber si  realmente me gustaba.

Pero a mí me gustaba SU AMIGA. Su amiga era una chica que, asumiendo su no-popularidad, se recelaba en una timidez que me desubicaba. Ella tenía unos kilos de más para ser la popular, no se atrevía a llevar los tops y escotazos de sus amigas, y…

Y a mí me volvía loco. No estoy yéndome por la moralina de “parecía más inteligente o buena persona” y que “la belleza está en el interior”. No. A mí me atraía físicamente más que cualquier otra chica. Era guapa, guapa; y con el mejor cuerpo que le podía dar la naturaleza. No podía parar de mirarla. Tanto era así, que un día me dio por pedirle (torpe y vergonzosamente) su número de teléfono. Quedamos un par de veces, y resultó haber algo mutuo, porque pronto se convirtió en mi primer gran amor.

Fue así cómo, con 16 años, “salí del armario” (permitidme esta expresión [email protected] homosexuales que las habéis pasado canutas. No es comparable, pero supongo que me entendéis). “Tenías al pivón berbenero y te vas con ésta…” “A Alex le gustan las gordas…” En fin, angelitos de 16 años.

Desde entonces, he estado con chicas de todo tipo, pero he de reconocer que el canon de belleza que vemos en todas partes, ese de piernas como palos y huesos de cadera que sobresalen de vientres planos… pues como que no. Siempre me han gustado las chicas “Curvy”, y las que además lo viven con orgullo. Por eso me encanta esta página y quería compartir esto con [email protected]. No mi experiencia personal (que ya ves tú el interés), sino lo siguiente:

Hay muchísimos chicos como yo. De verdad. Muchos. Me he dado cuenta cuando he dejado atrás la adolescencia, y si ahora sale el tema y digo abiertamente las chicas que me van y las que no, de pronto salta otro: “Ostia, me pasa igual”. Y así muchas veces. Muchos me lo dicen con la vergüenza del adolescente al que no le gusta la popular, otros (muchos) con toda naturalidad. Y seguro que esto es una obviedad para muchas, pero sé que para otras no. Y lo sé por las conversaciones que he tenido con chicas con las que he estado. Piensan que sus cartas las juegan siendo más simpáticas que el resto, yendo a por “el menos guapo”… Pero cuando unos chicos te están mirando, lo más seguro es que te miren a ti. No a la chica de la lado. A ti. Y los tíos no nos libramos de tiranías: tenemos que ser los más divertidos del bar, si estamos “cachitas”, mejor… En fin, legado adolescente.

Odio este rollo de un tío que os da consejos (machismo a pequeña escala) así que lo dejo en eso: contaros la experiencia desde dentro de un corrillo de tíos. ¡Las “curvys” sois un bombazo para muchos! Aunque a alguno le cueste reconocerlo ante su manada de machitos.

Seguid con esta web por muchos años.

Autor: Álex Rodrigo