Sex & Love

Tinder sorpresa: hasta luego Mari Carmen

Al grano. Estaba inscrita en una app de ligoteo, conocí a un chaval/señor (que me sacaba 9 añitos).

Parecía divertido, tenía conversación y cuando intercambiamos WhatsApp y algunas fotos nos gustamos. Decidimos quedar un viernes, me dijo que iba a cocinar porque se le daba genial hacer tataki y otras cosas.. Por nuestras conversaciones se daba por hecho que el fin de la cita era darnos mandanga de la buena, por si quedaban dudas.

Me recogió en coche y fuimos a su casa, a unos 30 km de la mía. Cocinamos, hablamos y lo mejor es que me pareció atractivo y simpático. No era el amor de vida pero lo podríamos pasar bien juntos… al menos un tiempo.

Después de cenar, de dos películas de miedo y unas manitas no correspondidas (por su parte) me dice que se va a la cama, se levanta del sofá y se va dejándome allí. Mi cara en ese momento:

Al preguntarle si de verdad se va a dormir me dice que puedo dormir allí y por la mañana me lleva a casa. Me presta una camiseta, me meto en la cama y comienzo a desplegar mis artes de seducción, que son nefastas, visto que a los 5 minutos estaba roncando cual cochinillo.
En ese momento me levanté, me vestí, recogí mis cosas (no pensaba dejarle allí mi milka, ni mis gominolas) y salí muy despacito y sin hacer ruido. Estaba en la calle, en un pueblo perdido, menos mal que encontré un hotel y el recepcionista me llamó un taxi.
A las 7 de la mañana me estaba llamando, diciendo que donde estaba, que vaya susto despertar y no verme y que tuvo que bajar al garaje por si era una loca y le había hecho algo a su amado coche.
Como explicación por su parte: estoy en un momento de mi vida en el que necesito compañía. Le aconsejé que adoptara un perro o que al menos fuera claro con sus intenciones para evitar confusiones.

(Anónimo) !!!

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