Que sí, que sí. Que las drogas son malas lo hemos oído todos en la vida, pero ¿cuántos hemos hecho caso? Porque pongo la mano en el fuego y no me quemo al decir que quien más, quien menos, algo ha probado. Y quien diga que no miente, que el alcohol también es una droga….
Hoy vamos a hablar del resultado al mezclar el consumo y el sexo.
Todo muy divertido, ¿verdad? Como mola follar borracha, que te desinhibes de todo y pierdes la vergüenza. Esa cervecita que te ayuda a dar el primer paso o a lanzarse, a hacer algo que sin tomarla SEGURO QUE NO HUBIERAS HECHO.
El sexo bebido es fantástico, te deja en el punto perfecto (si no te has pasado de copas, claro, entonces eres un peso muerto) para hacer de todo sin pudor y te lo gozas lo máximo.
O el primer porrillo, ¿unas risas de cojones, no? Y del blancazo que pilló ese colega ese día, ¿te acuerdas? Que gracioso verlo así, todo preocupado cuando total era un mareillo de nada. Con los porros no tienes de qué preocuparte, no son “drogas duras”. Y el sexo con un porro al lado es sentir TODO, a una misma y a la otra persona a tope, es contacto y conexión, miradas profundas (si logras entreabrir los ojillos rojos), notar el cuerpo-a-cuerpo y cada caricia…

Luego ya pasamos a la coca, al MDMA, al speed… Y ¡BUA! Qué gustazo más grande para el cuerpo, qué adrenalina, qué energía. Si es que no te cansas, y aguantas cantidad sin correrte. Las miradas y las caricias parecen eternas y el tiempo se para, la otra persona se convierte en un templo de placer y de calor del que no te puedes despegar.
Y ¿las setas? ¿Alguien ha follado con un viaje de setas? Es de lo más complejo y a la par placentero que he hecho en mi vida. Le acabé comiendo hasta la dignidad al colega. Se tuvo que ir a su casa porque ya no tenía fuerza para nada más. Y yo estuve tocándome un buen rato más después.
Las sensaciones y la percepción cambia tanto cuando vas drogado; es por eso que la gente lo hace, ¿sino de qué? Y lo digo muy en serio, no os voy a engañar: El sexo drogado (o drogándose) es la puta hostia. ¡Si, lo es, a quién se ofenda que se joda!
Hasta que deja de serlo.
Cuando empiezas a necesitar esa cervecita para romper el hielo y lanzarte a hablar con alguien en una sala. Cuando no “conectas con alguien” a no ser que andes fumada o esa persona fume también (porque no estáis al mismo nivel).
Cuando no te corres porque te has metido demasiado y “es imposible”. Y lo peor de todo, cuando te da un mal viaje o te pasas de la raya y acabas haciendo algo que no deberías haber hecho. O peor todavía: Cuando aún y yendo en el estado que ibas, haces eso que sabías que no tenías que hacer. Eso es caer bajo.
Puedes meterte cualquier tipo de droga (hablo del consumo propio y voluntario) que cuando hay un brío de consciencia y de conexión con la realidad por poca que sea, y sabes lo que haces en todo momento, aparece algo de arrepentimiento después.
Me he ido MUY pero que MUY borracha a casa de alguien y me he despertado a su lado al día siguiente, e irme a hurtadillas.
He follado fumada, he follado fumando, me han follado incluso mientras me liaba un porro.
Me he metido coca entre polvo y polvo por orificios que no están destinados para ello.
He acabado en un bucle sexual por las setas y otros alucinógenos.

Y os diré algo: Al final te das cuenta de que ya no es tan divertido.
Te lo puede parecer al principio; la emoción por la novedad, el gusanillo en el estómago cuando haces algo nuevo y peligroso o prohibido, las sensaciones nuevas y ver de qué es capaz tu cuerpo.
Pero si consigues salir de ese pozo y dejar las drogas a un lado (y no es nada fácil) empiezas a apreciar la emoción de conectar con alguien a plena consciencia. Que tu cuerpo, mente y alma vayan al unísono con los de esa persona con quien estás compartiendo ese momento. Y este nivel drogado, amiga mía, no se consigue.