Sí quiero, a todo.
Me he decidido a escribir este artículo con el fin de dar un sí quiero grande y rotundo a algo que, por lo que leo mucho en esta página y veo en redes, cada día genera más rechazo: las bodas.
En los últimos dos años he tenido tres bodas, una de ellas la mía. Y quiero aportar el punto de vista optimista y alegre a estas bonitas celebraciones.
Empezando por el principio: No, recibir una invitación a una boda no es una putada. ¡Es una alegría! Es la satisfacción de saber que personas a quienes quieres cuentan contigo para compartir el día más importante de sus vidas. Porque casarse, al menos así lo veo yo, no es cuestión de postureo, es sellar un compromiso con la persona que amas. Sí, creo en el matrimonio como institución más allá de todo. Y sí, tuve una boda de cuento de hadas, con vestido de princesa, tiara y velo y no, una cosa no está reñida con la otra.
Cuando mí, ahora marido, me pidió matrimonio, el mismo día que cumplí los cuarenta a las doce de la noche en punto, dije sí entre lágrimas. Y comenzamos juntos un viaje inolvidable en el que pasamos todo un año y medio organizando, ideando, imaginando, soñando y respirando cada segundo por tener la boda de nuestros sueños.
No queríamos una boda sencilla, pero sí cargada de significados para nosotros. Además, en una fecha concreta: queríamos casarnos en diciembre, porque en mí habita un elfo navideño que quería luces y adornos de navidad por toda la fiesta. Y así fue.
La nochebuena de 2024 dimos en mano a nuestras familias las invitaciones, y al día siguiente, 25 de diciembre, (FUN, FUN, FUN) enviamos por whatsapp una bonita tarjeta navideña donde, sonrientes, invitábamos a nuestros amigos y familiares a acompañarnos en nuestro día. ¡Con un año de antelación! Muchos nos tacharon de locos, otros de osados y otros pensaron que se nos estaba yendo la cabeza con el número de invitados. Pero oye, yo te invito, si tú decides acudir o no, es cosa tuya.
Dimos una fecha límite para responder y abonar, sí señores pedimos a los invitados el dinero de su cubierto, agregando que no queríamos más regalos que su compañía. Hubo críticas, de personas que ese día tuvieron que tragarse sus palabras.
No, estimado lector, con ese dinero no estás pagándome mi boda de princesa Disney, estás pagando tu comida y tu bebida sin límite (barra libre), el resto de nuestra boda de Cenicienta la pagamos nosotros: la finca, la decoración, las luces, el DJ, los regalos, las cositas para ponerte, el photocall precioso donde te harás mil fotos, el fotógrafo y videográfo (aunque en nuestro caso esto fue un regalo), la tarta que vas a comerte, y un largo etcétera.
Mi marido y yo teníamos claro que queríamos este tipo de boda, pensada por y para nosotros pero también para que todo el mundo se sintiera bien, cómodo y disfrutara. Nos alejamos del postureo de las redes y las bodas de Tik Tok que todo el mundo copia como si vieras siempre la misma película, pero con actores diferentes. Nuestra boda, llevaba nuestro sello personal: canciones con significado en nuestra relación para todos los momentos importantes, discursos escritos por nosotros mismos…muchísimas cosas paras las que, durante un año y medio nos sacrificamos y dejamos de hacer otras cosas para ahorrar hasta el último céntimo para ese día.
Tuvimos mucha ayuda, un equipo creativo formado por personas de máxima confianza, nos ayudaron a crear toda esta fantasía nupcial. Llegado a este punto se abren dos controversias más: wedding planner ¿si o no? , ayuda de amigos y familiares ¿sí o no? Cada uno hace lo que quiere, hay muchas personas que prefieren pagar para que alguien les organice todo, muy aceptable, otras que deciden echarse todo el trabajo sobre su espalda, perfecto por ellos también, nosotros nos dejamos ayudar y fue un año maravilloso entre organización, manualidades, reuniones y comida china.
Otro de los dilemas que veo mucho por aquí es el de los niños. ¿Son las bodas celebraciones para niños? Claro que sí. En nuestro caso, tenemos sobrinos, primos e hijos de amigos a quienes queremos como sobrinos, que aportaron ese toque de frescura e ingenuidad a nuestra boda. Para muchos era su primera vez en un evento así y nos lo hicieron saber con mensajes esa misma mañana: “Tía es mi primera boda, anoche no dormí de los nervios” Y nunca olvidaré las caras de las niñas mirándome: “Mamá, parece una princesa y lleva corona” dijo una que nunca antes había visto una novia. “Tu fiesta es fantástica”- gritó nuestra prima levantando los brazos para que la alzáramos. Los niños disfrutaron del baile, de la fiesta, de la comida, de la tarta como lo que son, niños y respetaron todos los momentos más serios de la ceremonia y la celebración como el resto de los adultos. Algunos repitieron llevando anillos y arras y para otro fue su primera vez, pero los dos pajes y la dama estuvieron impecables en sus papeles. Por todo esto y mucho más, gracias pequeños y sí, siempre sí a los niños en las bodas.
Pedimos que nada de regalos y aun así tuvimos muchísimos, cada uno nos dio lo que quiso y pudo tanto ingresándolo en nuestra cuenta como esa misma noche en sobres que volaban a nuestras manos como si aquello fuera la sede de un partido político corrupto que acepta sobornos por debajo de la mesa jajaja. Además, tuvimos otro tipo de regalos como una colcha tejida a mano, el hotel para la noche de bodas, las flores y algunos electrodomésticos. No pedimos nada, pero tanto si nos lo dieron como si no, gracias a todos por estar.
Puede que este artículo te parezca demasiado optimista, quizá pienses que es fruto de las endorfinas, pero mi boda fue hace casi un año y no cambiaría ni una sola de las decisiones que tomamos para que aquel día fuera el mejor de nuestras vidas.
Sí, quiero a las bodas.
ZMS

