Vengo a dar mi opinión sobre un tema y sé que muchas os vais a echar encima. Para empezar, no me creo mejor madre que nadie, eso que vaya por delante, hago mil cosas mal. Pero es que cuando alguien me dice que cómo lo he hecho para que mi hijo lea tanto, me da la risa.
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“¡Qué maravilla! Ojalá el mío leyera así”, me dice la típica amiga-madre que no suelta que móvil ni cuando se está tomando un café contigo.
Mi hijo tiene 7 años y le encanta leer. Con 4 años ya leía en mayúsculas, y con 5 aprendió las minúsculas él solo. Así que con 6 años ya leía libros recomendados para niños más mayores.
Yo no digo que cada niño luego tiene su personalidad y sus gustos. Lo mismo mi hijo, con 15 años, no quiere saber nada de los libros, aunque lo dudo… Pero también creo que los padres podemos fomentar ciertos intereses y comportamientos con nuestros actos.
Desde que era un bebé, le leíamos cuentos. Desde muy pequeño, ha tenido libros a su alcance. En la parte baja de una estantería del salón, le coloqué todos los cuentos que él solito podía coger y manipular. Con 3 años le hice el carné de la biblioteca y una vez a la semanas íbamos a coger libros, como actividad divertida entre madre e hijo.

Además, yo soy lectora. Siempre me ha visto con un libro en las manos. La casa está llena de libro “de mamá”. Todas las noches, antes de dormir, leo un ratito. Siempre hay un libro en mi mesilla. Y eso los niños lo ven y lo aprende. De hecho, lleva unos meses que él también se va a la cama a leer antes de dormir.
Si en tu casa no hay libros, si el niño no sabe lo que es una biblioteca pública, si tú no te has leído una novela en tu vida, entonces, ¿cómo quieres que tu hijo lea?
Los niños nos observan y nos imitan. Si en su puñetera vida te han visto abrir un libro y lo único que te ven hacer es deslizar el dedo por el móvil, luego no tengas las santas narices de quejarte de que tu hijo no lee.

Y no solo eso, es que además le das a tu hijo una tablet con 4 años, un teléfono móvil y una videoconsola con 7 años, pues es que tu hijo no lee porque ni lo necesita. Es más dinámico estar pasando videos en una pantalla que leer letras en una página de un libro.
Que sí, que cada uno hace con su hijo lo que le da la gana, pero es que cada vez hay más estudios que hablan de lo perjudiciales que son las pantallas para los niños, de los retrasos que está habiendo en el lenguaje porque le ponen a niños de meses, un móvil en la cara con dibujitos.
Si tú quieres ir de abanderado de las pantallas, decir que la tecnología ha llegado a nuestras vidas para quedarse, que si a ti te salva la vida ponerle a tu hijos la tablet para que te deje en paz un ratito, genial. Pero asume que lo estás haciendo mal.
Yo les doy a mis hijos nuggets de pollo congelados porque me salvan una cena y son fáciles de hacer, pero son basura, y lo sé. Y reconozco que no estoy haciendo lo mejor para mis hijos, estoy haciendo lo que es cómodo para mí.
Os repito que no me creo la mejor madre del mundo, ni voy de superior ni nada, hago muchas cosas mal como todo el mundo. Pero en esto lo estoy haciendo bien. Mi hijo lee, tiene un vocabulario muy rico para su edad y es gracias a mí. Me pongo esa medalla.
Un día me dijo una que mi hijo iba a ser analfabeto digital, y yo pensé: “Y el tuyo analfabeto a secas”.

Mi hijo ya tendrá móvil o un ordenador cuando sea el momento. Pero ahora tiene edad de jugar con juguetes, de salir a la calle con un balón, de montar en bici, de leerse un comic. No de estar encerrado en casa con una maquinita en las manos.
La lectura no se enseña obligando. No se enseña castigando. Se enseña con el ejemplo. Y esa responsabilidad, por mucho que nos moleste reconocerlo, es exclusivamente de los padres.