¿Soy la única que se siente desbordada por la eclosión incesante de máquinas de auto respuesta en todos los servicios de atención al cliente? 

Yo no sé si a vosotras también os pasa, pero, cada vez que tengo que hacer una gestión por  teléfono con alguna empresa, servicio o web en la que haya hecho una compra y tenga un  problema me entran los sudores fríos pensando en el ratazo que me voy a pegar hablando con  un contestador automático y seleccionando 300 micro opciones hasta que, si tienes suerte y se  produce un milagro, logre hablar con un ser humano. 

Yo sé que está pensado para ser más eficiente, cribar, reducir tiempos de espera, etc etc, pero  yo, que llevo toda mi vida trabajando de cara al público y atendiendo clientes, no concibo lo  deshumanizado y desesperante que se está volviendo cualquier trámite telefónico. 

Es que, de verdad, ¡dan ganas de lanzar el teléfono por la ventana! 

Normalmente, cuando recurres a un servicio de atención al cliente, es porque tienes una  incidencia y tu objetivo es poder hablar con alguien que pueda ayudarte, por lo que, ponerte a  escuchar en un disco rayado las 350 opciones del menú tratando de navegar por ese laberinto  sin encontrar ninguna que te lleve a lo que tu necesitas, es tremendamente desesperante y, lo  único que te produce es ansiedad y unas ganas locas de gritarle al puto contestador. 

Generalmente, yo, soy una persona serena y paciente, pero… 

¡hay amigas! cuando ya voy por la 6 opción del menú y veo que no llego a ningún sitio y vuelve  a iniciarse el bucle, me entra la taquicardia y la desesperación. 

Hoy mismo, he tenido una incidencia con una entrega de un pedido y, en primer lugar, he  tardado una eternidad en encontrar el teléfono de atención al cliente porque lo ponen más  complicado que reunir toda la documentación para presentarte a unas oposiciones.  

Primero, he intentado contactar por el chat virtual de la web donde, ¡oh!, ¡sorpresa!, me ha  atendido una IA con respuestas cerradas que no tenía una opción para mi problema. 

Cuando he logrado encontrar un teléfono al que llamar, después de ir seleccionando las  respectivas opciones como el que se va pasando las pantallas de un videojuego, me han dejado  en espera con un hilo musical durante 1 hora.  

Sí amigas, 1 hora en la que, cada 5 minutos, el robot maligno me iba diciendo que yo era la  siguiente en la cola y que tuviera paciencia. Al final, eso ya era un pulso entre mi cabezonería  de lograr hablar con un ser humano y el robot maldito que me iba repitiendo como un disco  rayado que era la siguiente mientras me ponía una música que me estaba subiendo el cortisol,  la tensión y hasta los triglicéridos. 

Tras una hora resistiendo el pulso estoicamente con la esperanza de que alguien descolgara el  teléfono (lógicamente, yo, he puesto el altavoz del móvil y he ido haciendo cosas mientras  tanto), finalmente, he decidido tirar la toalla y colgar.  

El robot venció la batalla. 

En un último intento desesperado por encontrar ayuda, he regresado a la web y he recurrido a  la opción del chat de nuevo, seleccionando distintas opciones que no tenían nada que ver con  lo que yo necesitaba pero que, finalmente, me han llevado a que me atienda un ser humano.

Cuando he logrado explicarle mi problema por escrito, lo primero que me ha dicho es que, ya  no tenían disponible el servicio de atención al cliente telefónico y que la única forma de  contactar con ellos para incidencias era a través del chat de su web y pasando los filtros de la  IA. 

¡Casi me da un parraque! 

Le he contado que me he tirado una hora en espera al teléfono y que como era posible que si  ya no ofrecían atención a la cliente telefónica en su web estuviera el teléfono y lo mantuvieran  activo. 

Ni se ha disculpado, como el que oye llover. 

Total, que, al final, después de pasar más pruebas que los participantes de “Habilidad Física  100”, he conseguido solucionar el problema. 

He perdido toda una mañana, me he trincado un cabreo monumental y he maldecido a la IA en  innumerables ocasiones. 

Esto, me ha hecho reflexionar sobre lo deshumanizados que nos estamos volviendo, en como  hemos pasado de recibir un trato cercano a, en pro de la evolución, el progreso y la eficiencia,  estar a merced de IA’s y contestadores automáticos para todo.  

Y lo digo yo, que acabo de terminar un Máster en Inteligencia Artificial Generativa con el afán  de aprender, actualizarme y comprender como funciona y, tristemente, lo que he terminado  por comprender es que, poco a poco, en vez de hacer un buen uso con sentido común y  criterio de la IA, estamos perdiendo la inteligencia humana.

 

Happy Gal