Hace poco que he vivido un aborto, y lo estoy pasando fatal.

Era mi primer bebé, se lo habíamos dicho a todo el mundo y esto ha sido una pesadilla. Estaba de 8 semanas, empecé sangrando un poco y me dijeron que el crecimiento estaba por debajo de las semanas, que a lo mejor es que llevaba de alguna manera un crecimiento retardado. Seguí sangrando, pero el bebé seguía ahí, latiendo, aunque de menos semanas en cuanto a tamaño, de las que se suponía que debería estar. Ha sido un aborto diferido en el que he estado 2 semanas viviendo una película de terror. Asustada, aterrorizada, preocupada y muy muy triste. Creo que es lo más triste que he vivido en mi vida. Me da que las hormonas tampoco ayudan. 

Ahora me siento con un cuerpo posparto y sin bebé en los brazos. Sin saber si podré tenerlos o si acabo de descubrir que hay algo mal en mí y esta pesadilla volverá a ocurrir. Triste, desubicada. Mi pareja está triste también pero no está sabiendo acompañarme. Es un tema tabú del que la gente cree que si no habla es mejor, cuando la sensación precisamente es la contraria, la mujer que ha sufrido la pérdida siente así que para los demás, ese bebé, no era nadie, no era nada. Que nadie lo nombra. Que está sola en esto. Que ese bebé era sólo un concepto porque su entidad física era minúscula y que tan solo por eso era insignificante. Que como concepto que era, se elimina y fuera, aquí no ha pasado nada. Y no. Era mi hijo. Era mi bebé. Y me siento muy sola en esto.

Mi hermana y yo siempre hemos sido uña y carne. Ella tiene tres hijos y nunca ha sufrido ningún aborto. Hace un año se divorció, y yo, como siempre, he estado a su lado. Ayudándola con sus hijos, escuchándola, aconsejándola. Haciendo de psicóloga, chófer, ayudante, profesora y todo lo que ha necesitado.

Que mi hermana es muy egoísta no es ninguna sorpresa. Pero en esta ocasión me ha herido profundamente su actitud. Vale que ella no sabe lo que es vivir un aborto, vale que tiene una nueva pareja y tres hijos y está muy ocupada, pero ¿no sabe lo que es la empatía?

Me ha llamado dos veces en todo el proceso del aborto y cuando me hicieron el legrado, me llamó como si no pasase nada. Tan solo al final de la conversación me dijo que cómo estaba y dijo esa frase tan tremenda y poco recomendable tras un aborto de “bueno, será que no venía bien, buscáis otro”. En ese momento no le dije nada porque no pude, mi tristeza no me lo permitía, no me sentía capaz.

Una vez pasados los días, sigue obviando el tema. Es como si no hubiera pasado nada, sigue hablando de ella todo el rato y es como si pensase que perder un bebé es como perder el bus, viene otro.

Me ha decepcionado profundamente. Esperaba su apoyo y no solo no lo he tenido, sino que con su actitud le quita importancia a mi dolor y a mi bebé.

Ahora mismo no estoy fuerte como para hablarlo con ella, pero desde luego pienso hacerlo y me ha quedado claro que no la tengo para todo y que cuando más la he necesitado, no ha estado a mi lado. Y eso no se olvida.

 

Anónimo

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