Me encanta venir a contaros lo que me lían mis enanos, o las que lío yo por haber suspendido primero de madre.

Pero hoy quiero contaros uno de los momentos más traumáticos y aterradores que hemos vivido. En este caso, con mi hijo.

A mí siempre me ha encantado el pelo largo. Cuanto más largo, mejor. Además, como lo tengo muy liso, largo me cuesta menos mantenerlo. Cuando me quedé embarazada, llevaba el pelo por la cintura. Y el embarazo hizo que creciera más y cogiera más forma y volumen.

Para cuando di a luz, tenía el pelo por el culo.

Pero como todo lo que sube tiene que bajar, con el postparto se me empezó a caer el pelo a mechones completos. Intentaba llevarlo siempre en una coleta, pero aún así encontraba pelos por todos los lados.

Una noche, mi marido fue a darles la toma a los enanos y no sé cómo, a oscuras, notó que algo no iba bien y me llamó.

Mi hijo tenía un pelo mío enredado en la mano, entre dos dedos. Y como el pelo era tan largo, le daba al menos 20 vueltas en sus deditos, que ya empezaban a ser dedazos, y su mano había cogido un color morado nada sano.

Intenté con todo lo que se me ocurrió quitarlo, pero eso estaba tan tirante que ni siquiera podía meter la más pequeña de mis agujas entre el pelo y el dedo.

Corriendo a urgencias. En pijama y con las zapatillas de estar por casa.

Llegué allí medio histérica, y no tuvimos que esperar. En cuanto nos vieron en triaje nos metieron para adentro.

Los médicos estuvieron un rato intentando quitarlo hasta que finalmente lo lograron. 5 personas diferentes pasaron a verle, a dar opinión, o a intentar hacer algo sin éxito.

Sus deditos estaban muy hinchados, pero por lo menos el color morado había desaparecido.

Nos mandaron a casa, y nos dijeron que vigiláramos bien ese dedo, porque a veces, sobre todo con un pelo tan largo como el mío, no conseguían quitarlo todo a la primera y podría haber quedado algún trozo escondido.

Por suerte, eso fue todo y no tuvimos que volver a ir más veces a urgencias, y en un par de días, sus dedazos volvieron a ser deditos.

De la culpa que me dio el casi mutilar a mi peque, según llegué a casa cogí la tijera y me corté casi 50cm de pelo. Lo justo para que lo que quedaba pudiera estar permanentemente en un moño. Y me habría rapado si hubiera encontrado la maquinilla.

Se lo comenté a la enfermera la siguiente vez que nos vimos. Que no podía con la culpa.

Me comentó que es algo bastante habitual (el que se les enrede un pelo), sobre todo cuando a la madre se le empieza a caer el pelo durante el postparto.

Y que en casos menos frecuentes, o más raros, requieren de asistencia sanitaria. Hasta pueden necesitar intervención quirúrgica. Inclusive pueden llegar a perder la mano o el pie si no se les pilla a tiempo.

Tiene un nombre: síndrome del torniquete.

Habitualmente en las manos, en los pies o en la pirulilla. Y en ocasiones en el lóbulo de la oreja o en el cuello. 

El pelo se cae, queda ahí, y como los bebés pequeños no controlan los movimientos, según se mueven el pelo se va enredando más y más.

Como mi enano ha sido culo de mal asiento ya desde feto (me llegaron a salir moraduras en la tripa de las patadas que pegaba), y de bebé tenía continuamente el baile de San Vito, pues se nos juntaron el hambre con las ganas de comer.

Me ha costado mucho superar el sentimiento de culpa por lo que pasó, y he creído necesario contároslo para que las nuevas mamás, si me leéis, podáis estar alerta para que no os pase lo mismo.

Espero volver pronto a contaros alguna anécdota más alegre sobre mis peques.

Andrea.