Hace unos años, un incendio puso fin a mi relación, lo curioso, es que ni si quiera fue en nuestro piso.

Yo llevaba como un año y medio con mi novio, nos conocimos en el trabajo y aunque luego a él lo trasladaron, seguimos manteniendo la relación. Él tenía un piso en propiedad, así que nos fuimos a vivir juntos bastante rápido y todo iba bien, o eso creía yo.

 

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Había cosas de él que no me gustaban, como le pasa a todo el mundo. Tenía tendencia a no creerse nada de lo que yo decía, cosas culturales me refiero. Siempre que le corregía en algo o le daba un dato, me decía automáticamente que eso no era así. Aunque yo le enseñase las pruebas en Google, él seguía erre que erre. Era una actitud que al principio me hacía gracia, pero luego me empezó a molestar.

No lo hacía con nadie más, solo conmigo, y pronto esa actitud de “superioridad” y de “tú no tienes ni idea de nada”, se trasladó fuera de casa, cuando quedábamos con nuestros amigos. Ya no era solo a cosas culturales, sino a comentarios que yo hacía o incluso cuando contaba alguna anécdota. Él me contradecía diciendo que aquello no fue así o que no tenía gracia lo que decía.

Lo hablé con él varias veces y siempre se disculpaba, pero luego volvía a hacerlo y si me quejaba, me tachaba de sensible o de quejica.

Normalicé tanto esa situación que, aunque me diera cuenta y no me gustara, tenía asumido que era como un precio a pagar por estar con él, hasta que, literalmente, casi le cuesta la vida a una persona.

Estábamos los dos en el piso y noté un olor muy fuerte a quemado, a humo. Fui a la cocina y no localizaba de donde venía, pero enseguida vi por la ventana una humareda negra que salía del bajo de al lado.

 

El humo negro salía por una ventana que estaba cerrada, pero se veía perfectamente que dentro había mucho más. Cogí el teléfono para llamar a emergencias y él me lo quitó de las manos.

Me dijo que seguramente no era nada, que tenía la manía de meterme en todo y que iba a movilizar a los bomberos para lo que podía ser algo que se estaba quemando en la sartén. Yo le insistí en que parecía algo grave y que mejor asegurarse, pero le quitó importancia y me dijo que no hiciera el ridículo.

En ese momento estaba tan asustada y nerviosa, que algo hizo clic en mi cabeza y le arranqué el teléfono de las manos. Eché a correr hacia la calle mientras llamaba a emergencias y piqué al timbre de donde salía el humo. Pero no contestó nadie.

Los bomberos llegaron muy rápido junto a una ambulancia. A la que abrieron la puerta, salió mucho más humo y dos bomberos entraron, para sacar después de unos minutos a un hombre de unos 50 años que a penas se mantenía de pie. Le llevaron a la ambulancia y se fueron enseguida a apagar el fuego.

Resulta que el señor se había puesto a cocinar, puso aceite en la sartén y sin querer, se quedó dormido. El aceite se quemó y acabó prendiendo las cortinas, los armarios y la cocina. Él estaba dormido en el salón y sí que oyó mi timbre, pero se despertó muy mareado, sin poder respirar bien y no veía nada por el humo. Así que no pudo salir hasta que le sacaron los bomberos.

Mi novio vio todo esto desde casa, en ningún momento salió o se tragó el orgullo. Cuando entré y le dije lo que había pasado, ni si quiera tuvo la decencia de disculparse o de sentirse mal por haberme intentado impedir avisar a emergencias.

Ahí lo vi tan claro, que le dije de todo y le dejé. Le grité, le puse de vuelta y media y empecé a recoger mis cosas.

Él, como siempre, me tachó de exagerada y de loca. Me fui y cuando ya llevaba unos días fuera, volvió arrastrándose, dándome la razón en todo y diciendo que iba a cambiar, pero se comió la puerta.

Siento que perdí mucho el tiempo. Soporté muchas cosas que no tenía por qué aguantar y os aseguro que no voy a volver a necesitar un incendio para darme cuenta.