Pásmate: soy escritora de relatos eróticos y no, ni quiero ni necesito ver tu pene para “tener inspiración”, ni porque “me va a encantar”, ni porque “no será la primera que recibo” (pero ojalá fuese la última), ni porque “seguro que soy una golosa”. Llevo ya un par de décadas escribiendo erotismo para webs, blogs y para mis propios libros. Y por extraño que te parezca, por increíble que te resulte, NO, no quiero ver tu pene. Igual que si escribo de crímenes no necesito matarte, y te aseguro que me apetece más. 

Apenas tenía veinte añitos cuando comencé a escribir relatos, y el erotismo es un tema que siempre me ha resultado bello y divertido. Cuando publiqué mis primeros relatos en internet, el módem todavía se conectaba con chirridos, un gif animado era la pera limonera de la tecnología digital y provocaba que una página tardase seis minutos en cargar, de modo que cuando me llegó un correo llamado “Mira cuánto me ha gustado tu relato”, y lo abrí toda ilusionada, tardé un par de minutos en ser consciente de que aquél archivo gráfico que mi lector me había enviado, no era un diminuto pedazo de fuet, ni un mini lápiz de color rosa. Había recibido mi primera fotopolla. ¡Bienvenida al maravilloso mundo de internet! 

En aquél momento, he de reconocerlo, sentí incluso miedo, ¿y si aquél tipo lograba saber dónde estaba yo, quién era y le daba por venir a verme? ¿Y si se dedicaba a poner en la misma web de relatos que había quedado conmigo y habíamos follado? ¿Y si…? En mi terror, hablé con el webmaster de la página y él me tranquilizó, me dijo que no había forma de que ese “arrastrado” pudiera encontrarme ni saber quién era yo, y si le daba por publicar un relato dando mi dirección de correo-e, sería borrado, porque todos los relatos que incluyesen direcciones o datos personales se eliminaban. Y aunque por un lado me calmó, por otro me dijo unas palabras que me disgustaron sobremanera: “no te preocupes, es normal”. 

¿NOR-MAL? ¿Es normal que a una persona le manden fotopollas así, gratuitamente, y todavía la insulten cuando no contesta? Porque esa fue otra, como le ignoré, estuve como una semana recibiendo correos suyos “¿Por qué no me contestas? ¿Te he dejado sin habla? Venga, cuéntame algo, mándame tú una foto, ¿no serás un tío? Vete a la mierda, zorra, seguro que eres una foca con granos y por eso escribes esas verdulerías, nunca te verás en otra de conocer a alguien como yo. Oye, perdona si me exalté, es que me tienes loco, vamos a quedar. Contesta, puta de mierda”. 

Que nadie me diga que eso es ni medio normal. Lo hemos “normalizado” igual que normalizamos que en cualquier debate por internet salte el trol, o el que no sabe hablar sin insultar ni faltar, o el que siempre quiere sentirse más listo-mejor persona que los demás: porque hasta la fecha, nadie puede mandar por internet un revés a mano abierta, que si noooo… 

Así que no, no es normal enviarle fotopollas a desconocidas por internet. Y encima, qué fotos y en qué ambientes, porque yo he visto cosas que vosotros no creeríais, que diría quién yo me sé. Azulejos de baño de antes del “La, la, lá” de Massiel; calzones más amarillos que las cartas de Nino Bravo; vitrinas con angelotes y figuras sacras sobre cuyo propietario vamos a no especular; muñecas hinchables sentadas en una cama deshecha con el sujetador medio bajado y hasta una cocina con platos sucios. A ver, una no espera que alguien que te manda una fotopolla sea el no-va-más de la exquisitez y el buen gusto, claro que no. Pero tampoco espera que se revuelque alegremente en su propia sordidez como una película del Ciempiés Humano. 

Si en alguna ocasión tenéis tentaciones de enviar a alguna persona fotos de vuestras intimidades, por favor, de todo corazón, no lo hagáis hasta que hayáis tenido con esa persona conversaciones previas muy candentes que os hayan dado pie a ello o a menos que la otra persona directamente lo haya pedido. Pero nunca, jamás, bajo ningún concepto prejuzgando a otra persona y pensando que, como escribe erotismo, como es actriz porno o modelo erótico o similar, le va a encantar. No va a ser así. 

Delice